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Actualidad científica

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  • Mayo/Agosto 2016Nº 14

Psicología del trabajo

Baja por depresión

Desde hace unos años, no cesa de aumentar el número de personas con depresión. El estrés profesional constituye una causa de ese fenómeno, a menudo minusvalorado.

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El deporte produce depresión. A esta conclusión podría llegar cualquiera que siga atentamente las noticias deportivas de los últimos años. Primero se difundió que Sebastian Deisler, centrocampista internacional del Bayern de Múnich, había recibido tratamiento durante varios meses en una clínica psiquiátrica debido a una depresión. Luego se dio a conocer que el ciclista italiano Marco Pantani, hallado muerto en la habitación de un hotel en Rímini en febrero de 2004, había sufrido un trastorno depresivo grave. Al poco tiempo, el futbolista checo Jan Simak anunciaba su abandono del equipo Hannover 96: sufría depresión por agotamiento.

No resulta extraño que se propaguen los trastornos psíquicos, opinan algunos especialistas, dada la presión cada vez mayor impuesta a los deportistas de elite. En una encuesta representativa de la revista Kicker, efectuada a profesionales de la liga alemana de fútbol en 2004, uno de cada dos refería dudas sobre su rendimiento y angustia ante el fracaso, aparte de una enorme presión y la necesidad de mantenerse siempre en primera línea.

No solo los deportistas. Muchas personas, de profesiones muy diversas, tampoco resisten las exigencias progresivas del trabajo y reaccionan con síntomas depresivos. La depresión se ha convertido en una enfermedad epidémica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), constituye una de las patologías más frecuentes y graves en los países industrializados.

Preocupación en la empresa

Este proceso no solo afecta a los que lo sufren y a sus familiares, sino también a los empresarios. Las compañías estadounidenses dieron la voz de alarma hace algunos años. Debido a su difusión y a que afecta, sobre todo, al grupo de personas de 20 a 45 años, es decir, a los que se encuentran en plena vida laboral, los costes económicos derivados de la depresión son muy altos.

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