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1 de Mayo de 2007
Psiquiatría

El litio y los trastornos maniacodepresivos

Desde hace medio siglo, el litio, un el metal ligero, constituye un medicamento de eficacia probada frente a los trastornos maniacodepresivos. Comenzamos a comprender hoy sus complejos mecanismos de acción.

ISTOCK / KSENIYA RAGOZINA

En síntesis

El litio es un metal alcalino que ocupa el número 3 en el sistema periódico de los elementos. Desde los años cincuenta del pasado siglo se conoce su poder para equilibrar a las personas maniacodepresivas. Se prescribe para combatir las oscilaciones del estado de ánimo y la psicosis.

Los comprimidos con sales de litio se descomponen en iones tras el contacto con los líquidos corporales. De esta manera actúan sobre procesos bioquímicos del interior de las neuronas.

Desde que se conocen los mecanismos de acción del litio, se considera que podría ayudar frente a muchas enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer o los ictus.

Alborozados hasta el límite o sumidos en negra tristeza: las personas maniacodepresivas sufren oscilaciones incalculables del estado de ánimo. Si se incluyen las formas leves, este trastorno aflige al 5 por ciento de la humanidad. A Kay Redfield Jamison, entre ellas. Esta norteamericana padece vaivenes emocionales desde los 30 años, algo que los expertos denominan trastorno bipolar. Ella ha combatido frente a los cambios incontrolables y extremos de su impulsividad y estado de ánimo, que oscilaba como un péndulo entre el abatimiento más profundo y brotes de euforia desbordante.

Durante las fases depresivas, Jamison se sentía desdichada, incapaz de realizar ningún esfuerzo. «La masa gris lastimosa, retorcida y totalmente confusa todavía era capaz de torturarme con una letanía monótona de mis insuficiencias y debilidades características», escribe en su autobiografía. En las fases de exaltación maníaca, en cambio, le bastaban de cuatro a cinco horas de reposo por la noche y, a veces, se pasaba despierta semanas enteras. Era como si tuviera las estrellas a sus pies y pudiera rozar con la mano los anillos planetarios, explicaba.

Después de una larga agitación y tras el trabajo arduo de persuasión de sus médicos, Jamison empezó a tomar la sal de litio, un medicamento que se prescribe a menudo para serenar el ánimo. Inconstante en la medicación, experimentaba las consiguientes recaídas. Solo cuando se atuvo fiel al tratamiento, logró una normalización duradera de su estado de ánimo. Transcurridos más de 30 años, Jamison es hoy profesora de psiquiatría en la facultad de medicina de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. Se ha especializado en trastorno bipolar.

Lo mismo que nuestra docente, millones de personas deben su estabilidad psíquica a esa sencilla sustancia, cuyo efecto equilibrante se descubrió casi por casualidad en los años cincuenta del siglo pasado. El litio, que ocupa el número 3 de los elementos del sistema periódico, es un metal alcalino. Los pacientes maniacodepresivos toman comprimidos con sales de litio: carbonato de litio, sulfato de litio o citrato de litio. Tras el contacto con los líquidos, las sales se descomponen dentro del cuerpo en iones que ejercen su poder curativo. «Resulta terrible», escribió Robert Lowell, poeta maniacodepresivo, «pensar todo lo que sufrí y que todo ese padecimiento obedecía a la falta de un poco de sal en mi cerebro».

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