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  • Mayo/Agosto 2016Nº 14

Psiquiatría

Las dos caras de la depresión

Las mujeres entran en un estado de extrema tristeza; los hombres, en cambio, se tornan iracundos e impulsivos. El trastorno depresivo también tiene sexo.

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Emily Dickinson la describía como una «melancolía fija». George Santayana veía en ella una «rabia difusa». Aunque estos giros evocan emociones distintas, están dedicados a un mismo trastorno: la depresión. La divergencia en las definiciones va más allá de una cuestión literaria o filosófica. El sexo también influye.

Desde hace tiempo, los terapeutas saben que hombres y mujeres experimentan de forma distinta el padecimiento psiquiátrico. No obstante, cuando los médicos esbozaron el Manual diagnostico y estadístico de los trastornos mentales, la guía que utilizan para diagnosticar las enfermedades psiquiátricas, describieron deliberadamente las patologías sin tener en cuenta las diferencias entre sexos. Al ignorar esas distinciones, se perjudica al paciente, sea hombre o mujer De hecho, cada vez más estudios llegan a la conclusión inevitable de que la condición sexual influye en cada aspecto del trastorno mental: desde los síntomas, pasando por la respuesta a la medicación, hasta la evolución de la enfermedad a lo largo de la vida de una persona.

La depresión es el trastorno psiquiátrico más común. Según la Organización Mundial de la Salud, afecta a más de 150 millones de personas, es decir, alrededor del 4 por ciento de la población adulta de todo el mundo. En Estados Unidos, la incidencia es todavía mayor, pues 48 millones de personas sufren depresión, es decir, el 19 por ciento de los adultos, según revela un informe de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades estadounidenses (CDC, por sus siglas en inglés). Este mayor número de casos en Estados Unidos puede deberse, en parte, a una mayor concienciación del trastorno.

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