Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Febrero de 2013
Farmacología

Terapia de la depresión

Los antidepresivos de las farmacopeas dejan mucho que desear. Tardan semanas en surtir efecto y fracasan en muchos pacientes. Los laboratorios investigan una medicación más eficaz.

Cortesía de George Aghajanian y Rong-Jian Liu, Universidad Yale.

En síntesis

Los antidepresivos actuales necesitan varias semanas para aliviar los síntomas. En algunas personas no alcanzan el fin deseado, y si lo alcanzan hoy pueden dejar de hacerlo mañana.

Se necesitan agentes de acción más rápida y basados en nuevos mecanismos. No obstante, el desarrollo de estos compuestos no se encuentra entre las prioridades de las grandes farmacéuticas.

Los laboratorios oficiales y universitarios, así como algunas compañías farmacéuticas de tamaño medio, tratan de llenar el vacío y tienen algunos planes interesantes.

Una mujer joven que firma en Internet con el seudónimo blueberryoctopus (Hapaloclaena maculosa, uno de los animales más letales) contaba sus problemas con los antidepresivos que tomó durante tres años, indicados, sobre todo, para remediar la ansiedad y los ataques de pánico. Lo hizo en la página web Experience Project. Tomaba Paxil, uno de los ISRS (inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina) más conocidos, pero terminó por dejarlo porque anulaba su apetito sexual. Cambió a Xanax, un ansiolítico que le devolvió la libido, aunque a expensas de la reaparición de los síntomas. Después volvió al Paxil, para sustituirlo, luego, por Lexapro (otro ISRS), luego Pristiq, un antidepresivo que pertenece a una clase emparentada, los IRSN (inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina). Por la fecha en que redactó ese escrito, estaba tomando otro ISRS, Zoloft, más Wellbutrin (un primo de los IRSN que afecta a la actividad de la dopamina y la de la norepinefrina); buscaba con ello contrarrestar los efectos secundarios sexuales que le producía el Zoloft. «No noto demasiada diferencia con el Wellbutrin, pero ahora estoy con la dosis más baja —anotó—. Voy a volver al psiquiatra la próxima semana y quizá la subirá. Quién sabe.»

De ese modo podemos sintetizar la estrategia típica de ensayo y error en la prescripción de antidepresivos, no solo para la depresión per se sino también para trastornos relacionados, como el que sufre blueberryoctopus. La táctica, escribió Andrew Solomon en su libro Noonday Demon, un clásico sobre la depresión, «te hace sentir como un tablero de dardos». La aproximación terapéutica basada en el efecto tablero de dardos no se aplica instada exclusivamente por los efectos secundarios enojosos. Los ISRS y los IRSN que han dominado el mercado de los antidepresivos desde su inicio en los años ochenta y noventa no ayudan a todos y pueden fallar en más de un tercio de los pacientes. Un comprimido que hoy parece funcionar puede que deje de hacerlo mañana. Además, muchos fármacos necesitan varias semanas para que empiecen a mostrar un efecto apreciable, tiempo de espera que puede resultar especialmente peligroso. Según un informe publicado en 2006 en el American Journal of Psychiatry, entre los pacientes de mayor edad (de 66 años en adelante), la administración de ISRS quintuplica el riesgo de suicidio durante el primer mes de tratamiento respecto a los meses subsiguientes.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.