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  • Mayo/Agosto 2016Nº 14

Neurología

Un conmutador que elimina la depresión

Helen Mayberg puede haber descubierto el conmutador que apaga la depresión y enciende el auténtico vínculo que media entre pensamiento y emoción.

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Dada su curiosidad y por su historia familiar, cabría pensar que Helen Mayberg, desde niña, estaba destinada a su profesión actual. Su padre era médico de familia en el condado de Los Ángeles. Su tío utilizaba equipos de rayos X y de medicina nuclear en investigaciones bioquímicas. Hoy, Helen Mayberg atisba, en el interior del cerebro, redes neuronales asociadas al estado de ánimo. Ha realizado un experimento asombroso que ha transformado el tratamiento de la depresión. Y al mismo tiempo, conjugando una dedicación como la de su padre a sus pacientes con la perfección técnica de su tío, está logrando que cambien las teorías sobre la interacción entre pensamiento y estado de ánimo.

Mayberg, al igual que tantos investigadores, sentía la ilusión de hacer progresar su disciplina. Soñaba con hacerlo del modo habitual, por acreción progresiva de resultados que acabasen por modificar el panorama. Ahora, profesora de psiquiatría y neurología en la Universidad Emory de Atlanta, lo ha conseguido. En 2005 no solo hizo ya reformas en el paisaje, sino que levantó una cumbre sobre la llanura, cuando ella y otros dos colaboradores explicaron cómo lograron curar a ocho de 12 pacientes con depresiones profundas, individuos prácticamente catatónicos a pesar de años de terapia verbal, fármacos e incluso electrochoque. Lo consiguieron insertando unos electrodos similares a los de un marcapasos en una región profunda de la corteza, el área 25.

Mayberg había detectado diez años antes que el área 25 constituía un nexo fundamental para el tráfico de señales nerviosas entre la corteza frontal, «pensante», y la región límbica central, donde brotan las emociones, que aparecieron antes en nuestro desarrollo evolutivo. Posteriormente descubriría que por el área 25 de las personas melancólicas o deprimidas «pasa quien quiere» —«como por una cancela que se ha dejado abierta»—, lo que permite que las emociones negativas abrumen el pensamiento y el estado de ánimo. La inserción de los electrodos cerró esa cancela y alivió la depresión en dos de cada tres pacientes del ensayo.

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