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1 de Enero de 2018
Comunicación social

Los orígenes de la risa

La risa de los bebés no solo revela su manera de pensar, sino que también arroja luz sobre la función que esta expresión desempeña en los humanos.

GETTY IMAGES / CAMILLE TOKERUD

En síntesis

Los bebés de 18 semanas ya saben reír. Dos meses después, son capaces de extraer humor de las situaciones que suceden en su entorno.

Se puede provocar la risa de un lactante presentándole un fenómeno inusitado, es decir, un acontecimiento que infrinja sus expectativas sobre las normas sociales.

La naturaleza social de la risa lleva a pensar que desempeña una función importante en la interacción y comunicación con las otras personas. Ello explicaría por qué emerge a tan temprana edad.

Mi hijo tenía tres meses cuando profirió su primera risa. Fue nada menos que en un funeral, coincidencia que, más que irónica, resultó irresistiblemente divertida para los asistentes. La expresión de regocijo de la pequeña tuvo tal poder que los presentes pasaron, a la vez y casi al instante, de la pena a la alegría.

Tras contemplar esa escena decidí volcarme en el estudio del origen temprano y la fuerza de un sencillo fenómeno: la risa del bebé. A lo largo de casi un decenio he investigado en mi laboratorio del Colegio Estatal Johnson, en calidad de experta en desarrollo infantil las risas y sonrisas de los lactantes. ¿Por qué la capacidad de reír surge a tan temprana edad? ¿Qué puede revelar la risa sobre los niños?

La risa es universal. Se trata de una respuesta «programada» en el cerebro que se activa pronto: en torno a los cuatro primeros meses de vida, con independencia de la lengua y cultura nativa del bebé. No importa que haya nacido en Canadá, Corea, Perú o Pakistán: su primera risa entre las 14 a 18 semanas de vida hará las delicias de sus padres. La risa del bebé resulta fácil de reconocer, en parte, porque es genuina. Al igual que el llanto, resulta difícil fingir y, como los bostezos, se contagia. Su autenticidad dificulta que los padres logren ignorarla. No obstante, los científicos no se han fijado en ella hasta fecha reciente.

Mas la risa no siempre constituye una expresión de alegría. Entre los adultos puede surgir en numerosos contextos emocionales: risas nerviosas, risas que responden a otra risa o carcajadas de un grupo. Pero ¿por qué se ríen los bebés? La cuestión no reside tanto en saber qué les causa ganas de reír —no existe una broma infantil universal (mi hijo se rió en el funeral porque uno de los asistentes había estornudado)—, sino en descubrir cómo detectan el humor en el ambiente que les rodea.

A diferencia del llanto, que urge la intervención de los cuidadores, la risa parece un lujo emocional. El hecho de que un niño de tres meses posea esa facultad mucho antes que otras grandes capacidades, como hablar o andar, sugiere que las sonrisas, risas y carcajadas tienen un origen antiguo e importante. La risa puede revelar el conocimiento que los niños alcanzan del mundo material y social que les rodea.

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