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1 de Septiembre de 2012
Psicoterapia

La psique como calmante

El dolor mantiene una íntima relación con las funciones cerebrales que gobiernan la conducta, las expectativas, la atención y el aprendizaje.

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En síntesis

A menudo se piensa que el dolor procede de un daño físico o de una enfermedad, pero los factores psicológicos desempeñan una función determinante.

Las expectativas de premio o castigo, el miedo, el estrés y el humor alteran la intensidad del dolor e influyen en las decisiones.

Los hallazgos en la psicología del dolor permiten idear procedimientos para un mejor control del sufrimiento y una recuperación más rápida de las lesiones dolorosas.

Hace ya tiempo, un paciente entrado en años con un gran y doloroso forúnculo en el cuello acudió al servicio de urgencias del Hospital de Chicago. Al decirle que era necesario abrirlo y vaciarlo, palideció y preguntó si le iba a doler mucho. Le aseguré que si en algún momento no fuese capaz de soportarlo no tenía más que decírmelo y pararía inmediatamente. Abrí el absceso con un bisturí muy fino sin escuchar queja alguna; al final el sujeto preguntó cuándo iba a empezar la intervención. No podía creer que ya había acabado: no había notado nada.

A menudo se cree que el dolor procede de un daño físico o de una enfermedad, pero lo cierto es que los factores psicológicos desempeñan una función determinante. En el caso descrito, la afirmación de que la operación no agravaría el padecimiento del paciente, ya que en su mano estaba detenerla si así fuese, ejerció un efecto analgésico. Por añadidura, su miedo al dolor se redujo; eso le permitió confiar en que no iba a sufrir más en el futuro.

No cabe extrañarse del fuerte influjo de la actitud mental en la percepción del dolor: si bien avisa de un daño, su utilidad estriba en que condiciona el comportamiento humano para favorecer la supervivencia. Por tanto, dicha sensación debe estar íntimamente vinculada a funciones cerebrales que gobiernen la conducta, la toma de decisiones, las expectativas, la atención y el aprendizaje. Ello explica que a causa de una dolorosa ampolla en el pie dejemos de andar o nos protejamos la zona afectada; también que en un futuro optemos por un calzado más cómodo o usemos calcetines adecuados.

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