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Fármacos contra el miedo

Quien tiene miedo, vive más tiempo. Un temor prudente nos previene de peligros amenazadores. Pero una fobia patológica puede hacer que la vida se transforme en una tortura. Cuando tal sucede, hay que erradicar del cerebro esa sensación.

La mera visión de una araña zancuda promueve escalofríos en algunas personas, aun cuando sepan de su inocuidad para los humanos. [Getty Images / Henrik_L / iStock]

En síntesis

Los recuerdos relacionados con el miedo no se borran fácilmente. Se debe aprender a controlar los temores a través de terapias, como la de la exposición.

Se están investigando fármacos que, en combinación con la terapia de exposición, contribuyan a extinguir el miedo del cerebro.

La D-cicloserina, un antibiótico que se usa para tratar la tuberculosis, podría acelerar la terapia conductual de pacientes con fobia o estrés postraumático.

¿De qué tiene usted miedo? ¿Se acelera su corazón cuando ve de repente una araña o una serpiente? ¿Le empiezan a sudar las palmas de las manos cuando debe subir a un avión o dar un discurso ante un público numeroso? Situaciones como estas liberan en muchas personas una descarga de adrenalina, una típica reacción ante el estrés que hallamos en la mayoría de los animales. El organismo entra en un estado de tensión suprema, aun cuando no exista amenaza de un peligro real.

Pero los trastornos del miedo no se limitan a tales fobias. Algunos individuos sufren ataques de pánico sin razón alguna aparente. Quienes han visto los horrores de la guerra, de una catástrofe natural o de abusos físicos desarrollan con frecuencia un trastorno de estrés postraumático; esta condición debilitante puede cursar con pesadillas y representaciones pavorosas del pasado. En resumen, según las estimaciones del estadounidense Instituto Nacional de la Salud Mental de Bethesda, 19 millones de personas padecen solo en Estados Unidos de trastornos que incluyen respuestas de pánico o de temor inadecuadas.

Se comprende, pues, que se exploren nuevos métodos para poder dominar el miedo. Los recuerdos pavorosos no se borran fácilmente de la memoria. Antes bien, hemos de aprender trabajosamente a controlar los temores exponiéndonos y afrontándolos repetidas veces con los estímulos desencadenantes del pánico. En determinadas fobias, declara David Barlow, director del centro para el tratamiento de la ansiedad y trastornos asociados de la Universidad de Boston, hasta el 90 por ciento de quienes las sufren pueden llegar a curarse siguiendo una terapia de exposición.

A ese proceso de exposición se le denomina de «extinción del miedo». Se investiga en animales y en humanos. Los expertos han comenzado a adentrarse en el circuito neural que se requiere para que se produzca la extinción. A partir de estudios en roedores, se ha identificado un medicamento bien conocido que permite acelerar la extinción. De hecho, en un ensayo realizado con personas que temían a las alturas, este fármaco —un antibiótico— reduce drásticamente el número de sesiones de terapia de exposición necesarias para superar la fobia. Si en estudios más amplios se confirmaran las promesas de ese fármaco, habría que pensar en su combinación con la terapia de exposición para tratar alteraciones psiquiátricas muy dispares, incluidos los trastornos de estrés postraumático.

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