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Pánico a volar

Manos húmedas, temblor de rodillas, ansiedad antes del despegue... tales son los síntomas del pasajero con miedo al avión. Ya en vuelo, el miedo puede convertirse en pánico.

La espectacular panorámica desde la cabina de un avión poco después de despegar puede convertirse en una visión horrible para ­algunas personas. [GEHIRN UND GEIST / STEFANIE SCHMITT]

En síntesis

El miedo es una reacción normal, pero puede convertirse en una emoción discapacitante si se experimenta de modo exagerado, como la fobia a volar.

El desencadentante del miedo a volar suelen ser las incidencias durante el vuelo, como las turbulencias o el despegue reiterado. Menos frecuentes son los casos de aviofobia por «la primera vez».

Existen diferentes terapias para ayudar a los afectados a superar su miedo a viajar en avión, entre ellas, la relajación muscular progresiva. Cuando se vence la tensión, desaparecen los síntomas del miedo a volar.

Volar a 10.000 metros de altura sobre el nivel del mar es una aventura que a Karsten Kramarczik, director artístico de esta revista, nunca le ha convencido. Pese a su natural reticencia, un primo suyo le convenció para que hiciese un primer vuelo a Ibiza. Las turbulencias agravaron su pavor. No obstante, realizó otros viajes aéreos. Hasta el último, que le llevó a Barcelona. Sintió un ataque de pánico. Karsten no es capaz de explicar las causas. Pero, desde entonces, nunca más ha vuelto a embarcarse en un avión.

El mero pensamiento de verse en el cielo, encerrado en una jaula metálica y a una velocidad de 920 kilómetros por hora desencadena en su interior una cascada de inquietudes: la angostura de la cabina, el ruido de las turbinas, el crujido del tren de aterrizaje o la caída del morro para estabilización del vuelo. Insufrible.

Según una encuesta del Instituto Allensbach de Demoscopia, una tercera parte de los usuarios del avión sufren los síntomas generales del miedo a volar. Solo pensar en ello puede provocar el pánico a «aviófobos» como Karsten. A las alteraciones somáticas, como aceleración del pulso o convulsiones, se suman sobre todo síntomas emocionales. Al temer precipitarse o morir de miedo, los afectados concentran su angustia y no logran vencerla.

Encuentro a Karsten, junto a otros tres participantes, en un seminario en Raunheim, próximo al aeropuerto de Fráncfort. Quiere afrontar su miedo y tiene el firme propósito de subirse al día siguiente en un avión en dirección a Viena. Los pronósticos son prometedores, pues el 90 por ciento de los aviofóbicos, tratados con una terapia de exposición, pierden su pánico agudo o al menos pueden hacerle frente de manera positiva. Marc-Roman Trautmann, psicólogo y director del seminario del Centro alemán Contra el Miedo al Vuelo de Nieder-Wiesen (DFAZ), declara que quien mira al miedo de frente, ha dado ya el primer paso.

El ambiente es tenso y cordial a un tiempo, pues los cuatro participantes en el seminario tienen el mismo problema: pánico a volar. Mas para el éxito de la terapia importa considerar cada caso de miedo por separado. Según un estudio del DFAZ, el 62 por ciento de los afectados han volado al menos una vez. El desencadenante del miedo suelen ser las turbulencias, el despegue reiterado u otras incidencias. Solo el 5 por ciento siente miedo por «la primera vez».

Melanie, de la ciudad alemana de Gustavsburg, está casada y tiene dos hijos. Su familia ha tomado en consideración a lo largo de los años su fobia y se han des­plazado siempre en coche a Alicante: once horas de viaje. Ahora quieren, por fin, volver a ir de vacaciones en avión. Pero Melanie teme sufrir un ataque de pá­nico a bordo y hacer el ridículo ante los demás pasa­jeros.

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