Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Julio de 2006
Conducta

Control de las emociones

Los sentimientos, cuando brotan nos arrastran, pero constantemente nos vemos obligados a reprimirlos. ¿Por qué? La ciencia explora las vías más adecuadas para el control de las emociones.

GEHIRN & GEIST

En síntesis

La capacidad de regular las emociones ha sido imprescindible para la supervivencia del Homo sapinens.

No obstante, las personas que reprimen sus sentimientos tardan más en resolver las tareas intelectuales y recuerdan peor las vivencias emocionales.

La facultad para emocionarse no se halla anclada en la personalidad; se puede aprender a manejarse con las emociones de forma saludable.

Los acontecimientos más banales despiertan emociones muy diversas: alegría o irritación, miedo o sorpresa, tristeza u orgullo. Nos acompañan a cada momento y están tan presentes como el aire que respiramos.

Si lo analizamos con detalle, advertiremos que no dejamos de reprimir nuestros sentimientos, cuando no los canalizamos hacia vías más soportables. Casi ninguna emoción elude el filtro de la conciencia. Nos alegramos de los parabienes recibidos en el trabajo, pero tendemos a refrenar la satisfacción para evitar la envidia del compañeros. Cuando una persona comete una torpeza, contenemos la risa para no herirle. Las peleas entre parejas suelen terminar con la represión de la ira que nos invade. No sólo somos seres sensibles, sino también seres controladores de las emociones.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.