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En busca de la consciencia perdida

A través de la investigación sobre videntes ciegos, niños sin cerebro y otros casos de minusvalía neurológica podemos adentrarnos en el misterio de la percepción consciente.

JOHN WILKES STUDIO

En síntesis

Las personas con ceguera cortical presentan «visión ciega», es decir, ven estímulos de manera incosn­ciente. Este fenómeno podría contribuir al estudio de la percepción consciente.

El entrenamiento permite recuperar alguna de las capacidades visuales alteradas en los pacientes con visión ciega; también en personas epilépticas a las que se ha extirpado un hemisferio cerebral.

Al parecer, tras la pérdida de una porción del cerebro, el tronco cerebral asume, al menos en parte, la elaboración de los estímulos viuales simples y la trasnmisión de la reacción a dichos estímulos.

Aquella tarde de fútbol, el señor Uncitia se montó en su coche y recogió en el camino a un amigo para acudir juntos al partido. Nunca llegaron al estadio. Con el tiempo lograría recordar el accidente. Un automóvil que se abalanzó sobre ellos, arremetiendo por la derecha en un stop. Sufrió en el choque múltiples lesiones cerebrales.

Uncitia se recuperó sorprendentemente bien, aunque ciertas facultades quedaron resentidas para siempre. Debido a las lesiones del área visual del cerebro, perdió una parte del campo visual, el espacio que abarca la vista sin mover los ojos. Ya no podía ver en esa área, a pesar de que sus ojos se encontraban perfectamente sanos. A este fenómeno lo denominan los neurólogos ceguera cortical.

A menudo, las personas que padecen esa lesión determinan de forma correcta la situación de objetos situados en el área del campo visual ciego, por más que no puedan percibirlos de manera consciente. Esta «visión ciega» fue descrita por Ernst Pöppel, Richard Held y Douglas Frost, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, a mediados de los setenta del siglo xx. La «visión ciega» cobró interés para mí cuando empecé a ocuparme de la cuestión sobre la investigación científica del pensamiento consciente.

Uncitia constituyó uno de mis primeros pacientes en que pude estudiar la «visión inconsciente». Cuando le mostraba puntos luminosos en su campo visual ciego, manifestaba, según cabía esperar, que no veía nada. En realidad tenía un área con funciones visuales rudimentarias, como se demostró por medio de un experimento. Hice sonar hasta 290 veces una señal acústica. Simultáneo con el sonido, centelleaba un punto luminoso, aunque Uncitia solo oía el tono, tenía que adivinar si el destello luminoso acompañaba o no al sonido. Además debía declarar, cada vez y por medio de una escala, cuán seguro estaba de la respuesta dada.

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