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Getty Images / zsv3207 / iStock

Padres estresados, empleados estresados, estudiantes estresados. Hoy en día, el estrés se ha convertido en una suerte de estado anímico común. Casi todo el mundo ha pasado por él o lo sufre en su día a día. Mas el estrés no es igual para todas las personas. Algunas son capaces de adaptarse positivamente a las situaciones adversas y no padecen los efectos físicos (psoriasis, por ejemplo) ni cogni­tivos (quedarse en blanco) que ­pueden comportar las situaciones estresantes. ¿Cómo lo logran? ¿Qué consecuencias tiene el estrés en el cerebro? ¿Podemos aprender a ser resilientes?

Este monográfico en el que empieza a sumergirse responde a estas y otras preguntas relacionadas con las causas del estrés y los métodos para controlarlo o superarlo. Para ello, reúne los artículos más interesantes y reveladores sobre el tema publicados en Mente y Cerebro e Investigación y Ciencia.

Desde el punto de vista del aprendizaje y de la memoria, el estrés es un arma de doble filo, afirman los científicos Mathias V. Schmidt y Lars Schwabe (pág. 42). Si bien aumenta la capacidad de recordar los sucesos emocionales e importantes, puede convertirse en patológico cuando sobreviene intenso o crónico. Hoy no es extraño hablar de ­burnout o síndrome de desgaste (o quemado) en los trabajadores, los padres e incluso los estudiantes.

Otro de los artículos, en este caso firmado por Debra A. Bangasser, de la Universidad Temple, demuestra que la respuesta al estrés y sus efectos neurobiológicos difieren entre machos y hembras. Al menos en los roedores (pág. 18). También se ha visto que el estrés agudo puede poner en grave peligro la función de las áreas ejecutivas superiores del cerebro humano, de manera que socava la capacidad de autocontrol y favorece que la emotividad y la impulsividad tomen las riendas.

Pero del mismo modo que algunas plantas son capaces de abrirse camino en condiciones desfavorables, la mente humana también puede crecer en situaciones de crisis, según la psicóloga Jana Strahler (pág.56). Cada vez se conocen mejor las bases biológicas de la resiliencia. En gran parte, esta actitud positiva surge del círculo de amigos o de la vida en pareja, señala la bióloga Anna von Hopffgarten (pág. 82). Asimismo, el contacto intenso con la naturaleza, la práctica de la meditación y el yoga contribuyen a controlar el estrés y favorecen el bienestar.

Para terminar, permítanos un consejo: si quiere aprovechar al máximo los contenidos de este número de Cuadernos de Mente y Cerebro, léalo con tranquilidad y sin pensar en lo que todavía debe hacer. Goce del aquí y ahora. Cuando sienta que ha leído suficiente por hoy, cierre la revista o apague el ordenador. Ya seguirá otro día.

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