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  • Mayo/Agosto 2018Nº 20

Educación

Neurodidáctica

Al aprender cambian los circuitos del cerebro. De su estudio se ocupa una nueva disciplina, la "neurodidáctica". Postula que los neurólogos pueden ayudar a profesores y pedagogos a desarrollar mejores estrategias didácticas.

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Con el primer día de clase después de las vacaciones del verano ha vuelto a empezar para diez millones de niños y jóvenes alemanes la cara seria de la vida. En las aulas, ochocientos mil profesores tratan de enseñar a sus alumnos los temas necesarios para una formación básica cabal. Se enseñan y aprenden muchas cosas y muy variadas: desde leer y escribir, pasando por la guerra de los Treinta Años, hasta el cálculo diferencial e integral. Pero ¿realmente logra la escuela comunicar lo que la nueva generación necesita para tener un futuro afortunado?

Más bien no. De lo contrario, el sistema escolar alemán no hubiera queda­do en los últimos lugares en el informe PISA. Incluso en capacidades fundamentales como lectura y ortografía, los escolares germanos mostraron deficiencias escandalosas. (En España, los colegios alemanes ocupan, sin embargo, un lugar destacado en rendimiento académico.) Después de un breve aturdimiento, producto de la sorpresa, políticos y pedagogos buscan febrilmente las razones de este «fracaso escolar». Las preguntas se dirigen sobre todo a la didáctica general, es decir, a esa parte de la pedagogía que se ocupa, con indepen­dencia de la materia, de cómo se en­seña y aprende con la mayor eficacia.

Mientras ya hace decenios que filósofos, psicólogos, antropólogos y sociólogos debaten sobre la cuestión, la investigación del cerebro se había quedado fuera de la problemática didáctica. Una auténtica paradoja. En último término, el aprender tiene lugar en la cabeza; todo proceso de aprendizaje va acompañado de un cambio en el cerebro. Por esa razón, la neurobiología representa necesariamente el fundamento científico sobre el que se deberían edificar las teorías didácticas modernas.

De esta idea partimos, cuando hace unos años fundamos una nueva disciplina, la «neurodidáctica». Intenta configurar el aprendizaje de la forma que mejor encaje en el desarrollo del cerebro. Sin embargo, este planteamiento sigue encontrando la oposición de los pedagogos de formación exclusivamen­te humanista («de letras»). Pero a nadie se le ocurriría la idea de construir una casa con pintores, fontaneros o jardineros, prescindiendo de un arquitecto. Porque, a la luz de los nuevos conocimientos de la investigación cerebral en torno al aprendizaje, resulta evidente que muchos supuestos educativos son muy elementales.

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