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1 de Noviembre de 2014
Lenguaje y memoria

Gestos para recordar palabras

Lo tenemos en la punta de la lengua; sin embargo, no nos sale. Estos bloqueos del habla se acompañan a menudo de una gesticulación espontánea. Según los investigadores, existe una buena razón: la comunicación mediante las manos favorece la memoria verbal.

THINKSTOCK / DIDECS

En síntesis

Los movimientos de las manos pueden solucionar ciertos bloqueos verbales, sobre todo cuando conocemos un término pero no lo recordamos en ese momento. Se trata del fenómeno «en la punta de la lengua».

Al parecer, los gestos ayudan a la memoria operativa a focalizar la palabra buscada.

Sin embargo, por lo general, apenas controlamos nuestros gestos, por lo que a veces revelan discrepancias entre lo que decimos y lo que pensamos.

Se ha percatado alguna vez de que gesticula de forma animada cuando habla por teléfono? Aunque todas las personas manifestemos este comportamiento de comunicación, no por ello deja de resultar un fenómeno sorprendente: es como si quisiéramos proporcionar información adicional a un interlocutor que no nos ve.

Señalamos en direcciones determinadas, describimos los contornos de los objetos de los que hablamos o enfatizamos ciertas palabras mediante gestos. ¿Para qué? ¿Se halla nuestro cuerpo tan acostumbrado a «intervenir» que no diferencia entre una conversación con un interlocutor presente y la que se mantiene con uno que se encuentra al otro lado de la línea telefónica? ¿O existe algún motivo particular que provoque esos movimientos cuando estamos al teléfono?

Una experiencia cotidiana nos proporciona pistas al respecto. Recuerde la última vez que, por así decirlo, tenía una palabra en la punta de la lengua pero no conseguía que esta le viniese a la memoria. Fuera el nombre de una fruta exótica o el último lugar donde pasó las vacaciones, es probable que reaccionara de la manera habitual con la que respondemos las personas en estas situaciones: cuando nos enfrentamos con el fenómeno memorístico «en la punta de la lengua», estamos convencidos de que la información de la palabra en cuestión se halla sepultada en algún rincón de nuestra memoria, y comenzamos a mover las manos. Al parecer, los gestos tienden un puente entre pensamiento y lenguaje, de modo que aceleran la recuperación de palabras.

Geoffrey Beattie y Jane Coughlan, de la Universidad de Manchester, demostraron esta conducta en 1999. Organizaron en el laboratorio un juego de preguntas y respuestas en el que los probandos debían adivinar las definiciones de términos poco usuales. ¿Qué nombre recibe la sala central de una casa romana? ¿Cómo se llama el típico sombrero de vaquero norteamericano? Los participantes debían encontrar y decir la palabra. (Atrio y stetson son las respuestas respectivas de las preguntas anteriores.)

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