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  • Abril 2015Nº 3

Geología

El misterio de Tunguska

Hace cien años, un objeto celeste arrasó más de dos mil kilómetros cuadrados de taiga siberiana. Quizá se haya dado con un fragmento de ese objeto.

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Siberia Central. A las 7:14 de la mañana del 30 de junio de 1908, Semen Semenov, campesino, vio que "el cielo se partía en dos. En lo alto, sobre el bosque, se extendió un fuego... De donde ardía el fuego llegaba un fuerte calor... Entonces el cielo se cerró, y se oyó un fuerte estampido, y salí despedido unos cuantos metros... Tras eso, vino mucho ruido, que parecía... de cañonazos, la tierra temblaba...".

Esta es la narración de uno de los testigos más cercanos del suceso de Tunguska, el mayor impacto de un cuerpo cósmico sobre la Tierra en la historia reciente de la humanidad. Semenov presenció la estruendosa detonación a unos 65 kilómetros de donde se produjo. Los efectos alcanzaron el lejano norte de Europa y el centro de Asia. Algunos observaron sobre el horizonte inmensas nubes plateadas y brillantes ocasos llenos de color. Otros, cielos por la noche luminiscentes: los londinenses pudieron leer la prensa a medianoche sin luz artificial. Los observatorios geofísicos acotaron en una remota región de Siberia el origen de estas anomalías gracias a las ondas sísmicas y de presión. El epicentro se hallaba cerca del río Podkamennaya Tunguska, en una zona de taiga pantanosa deshabitada, que permanece helada 8 o 9 meses al año.

Desde el evento de Tunguska, científi cos y aficionados se han preguntado por su causa. Aunque la mayoría, en general, coincide en que algún tipo de objeto cósmico, ya fuese un asteroide o un cometa, explotó en el cielo de Siberia, hasta el momento no se ha hallado en la zona afectada ni un solo fragmento del cuerpo, ni un cráter abierto por el impacto. El misterio continúa sin resolverse, aunque nuestro equipo de investigadores, los últimos en la ininterrumpida serie de cuantos han escrutado la región, podría estar a punto de culminar un descubrimiento que cambiaría nuestra idea de qué sucedió aquella mañana.

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