Paleontología

Así crecían los dinosaurios

De la estructura de los huesos de los dinosaurios se infieren la edad y la tasa de crecimiento de aquellos gigantes.

MARK HALLETT

En síntesis

Hasta hace poco, no se conocía ningún patrón para medir la edad de los dinosaurios y saber, por tanto, su ritmo de crecimiento.

La clave se hallaba, sin embargo, en los huesos. Muchos de ellos dibujan líneas de crecimiento, similares a los anillos de los árboles.

De estas líneas y otras estructuras óseas se infiere que los dinosaurios llegaban al tamaño adulto con suma prontitud. Este patrón de crecimiento guarda mayor semejanza con el de los mamíferos y aves que con el de los reptiles, mucho más lento.

De acuerdo con este célere crecimiento, tendrían una elevada tasa
metabólica, más cercana a la de los animales de sangre caliente que a la de los reptiles, de sangre fría.

La mayoría de nosotros podríamos pasear cómodamente, sin tener que agachar la cabeza, bajo la quijada de un Tyrannosaurus rex o bajo la caja torácica de un Brachiosaurus montados en un museo. La talla de T. rex no desdice de la alcanzada por el mayor elefante africano conocido. Brachiosaurus, lo mismo que otros grandes saurópodos, era mucho mayor que cualquier animal terrestre vivo en la actualidad. ¿En qué mecanismo se fundaba el gigantismo de los dinosaurios? ¿Cuánto tardaban en adquirir tales proporciones de adulto? ¿Cuántos años vivían? ¿Podemos inferir otros aspectos de su biología a partir de su sistema de crecimiento?

Hasta hace poco, no disponíamos de patrón alguno para medir la edad de los dinosaurios. En razón de su condición reptiliana, se asumía que debieron de desarrollarse según las pautas expresadas por los reptiles modernos; con notable lentitud, pues. Se aceptaba que los dinosaurios de porte imponente habían llegado a una edad avanzada, pero nadie sabía cuán avanzada, porque no se conoce ningún reptil vivo que alcance un tamaño siquiera parecido al de un dinosaurio.

Esta tesis hunde sus raíces en el trabajo de Richard Owen. Cuando, en 1842, dio nombre a los dinosaurios, el paleontólogo inglés encasilló a un grupo reducido y casi ignoto de reptiles insólitos y gigantes. Supuso que, amén de enormes, eran terrestres; diferían, pues, de ictiosaurios y plesiosaurios, marinos, que se conocían desde principios del siglo XIX. Poseían cinco vértebras conectadas a las caderas; dos tienen los reptiles actuales. Presentaban sus extremidades bajo el cuerpo, no extendidas hacia los lados.

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