El elemento 110

Este nuevo elemento pertenece al grupo del níquel y se espera que ayude a comprender la estabilidad de los núcleos atómicos muy pesados.

Con este detector de silicio se obtuvo el elemento 110. La parte interior, en la que aparecen 16 líneas verticales, tiene 35 mm de altura y 80 mm de ancho. Cuando en el blanco de plomo del detector queda aprisionado uno de los núcleos ligados producidos, se pueden determinar con precisión tanto la posición y la energía del núcleo como las de las partículas alfa emitidas a continuación. El tiempo de resolución es de un microsegundo. La temperatura de trabajo del detector es de –10 grados centígrados, al objeto de reducir el ruido térmico.

A las 16:39 horas del 9 de noviembre de 1994, en el laboratorio de la Sociedad para la Investigación en Iones Pesados (GSI) de Darmstadt, un grupo internacional de investigadores obtuvo un resultado notable: la producción y la confirmación de haber descubierto un nuevo elemento químico, al que le corresponde el número de orden 110 en la tabla periódica. Se trata del más pesado de los elementos conocidos.

Durante los últimos diez años, varios equipos de físicos de diversas instituciones de todo el mundo habían trabajado intensamente, aunque sin éxito, en su búsqueda. El éxito se logró solo tras una mejora substancial de las técnicas de aceleración y de detección. El equipo capitaneado por Sigurd Hofmann dedicó cinco años a la preparación del experimento, que al final se vieron recompensados con la producción de unos cuantos átomos de dicho elemento.

Químicamente el nuevo elemento artificial, que contiene 110 protones en su núcleo, pertenece al grupo del níquel, paladio y platino (de números atómicos 28, 46 y 78). Sin embargo, como sea que a los pocos segundos de su producción se transforma en isótopos de elementos más ligeros por emisión de partículas alfa (núcleos de helio 4) resulta que el elemento reviste escaso interés químico. Sí lo encierra, por contra, en física nuclear. En efecto, puede ayudar a resolver, entre otras cuestiones, la relativa a las condiciones de las que depende la estabilidad de los núcleos atómicos extraordinariamente pesados, cuya respuesta aún se desconoce. Por otro lado, los físicos suponen que, para números atómicos aún superiores, existe un dominio —a menudo denominado isla de estabilidad— en el que la vida media de los átomos podría ser mucho mayor que la de los últimos elementos de la tabla periódica hasta ahora conocidos.

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