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Epidemiología

Preparados para una pandemia

Una variedad de gripe altamente contagiosa y letal azotará la humanidad algún día. Sea esta amenaza inminente o remota, ¿estamos preparados para combatirla?

Jason Jaroslav Cook

En síntesis

Los expertos advierten que la aparición de una epidemia de alcance global causada por una nueva cepa del virus de la gripe es inevitable. Ello supone un grave peligro para la salud pública.

La pandemia puede aparecer pronto o dentro de unos años. Las alarmas se han disparado después de que la gripe aviar H5N1 haya ocasionado la muerte de 60 personas en Asia. Aunque este brote remitiera, debe mantenerse en alerta una red mundial de vigilancia epidemiológica frente a la amenaza de otras cepas peligrosas.

Las vacunas contra el nuevo virus gripal llegarán demasiado tarde para prevenir o retrasar las primeras fases de la pandemia. Sin embargo, los fármacos antivirales permitirían detener de forma temporal una nueva cepa; así se ganaría tiempo para preparar una respuesta global.

La gravedad de la enfermedad dependerá de la cepa pandémica. En muchos lugares, el suministro de fármacos y otros recursos sanitarios se verán desbordados.

Cuando los diques de Nueva Orleans cedieron en agosto de 2005, la fe de los estadounidenses en la capacidad de sus gobernantes para protegerles de las catástrofes naturales se derrumbó. Los responsables políticos calificaron al huracán Katrina y a las inundaciones que este ocasionó de «ultracatástrofe que superaba las previsiones de los expertos».

Pero, a decir verdad, la catástrofe nada tuvo que ver con una falta de previsión. Las autoridades federales, estatales y locales disponían de un plan de actuación que debía guiar la respuesta del gobierno en el caso de que un huracán alcanzara Nueva Orleans con vientos de 200 kilómetros por hora, tormentas que levantaran olas que sobrepasaran los diques y las bombas de agua, y que dejara inmovilizadas a miles de personas en la ciudad inundada. En 2004 incluso lo habían ensayado. Pero cuando el Katrina llegó, la ejecución de este plan resultó catastrófica.

Ante tan lenta, mal coordinada e insuficiente respuesta, crece la preocupación sobre cómo se enfrentarían las naciones a un desastre natural de mayor alcance y siniestralidad que, según los expertos, quizá no tarde en llegar: una pandemia de gripe. El paralelismo de esta amenaza con el Katrina es mayor de lo que a simple vista parece. La periodicidad estacional de brotes de gripe y huracanes produce una familiaridad que conduce a una falsa sensación de seguridad y, por tanto, a una preparación insuficiente para la llegada, anunciada, de una pandemia.

Excepto a escala molecular, una gripe pandémica guarda escasa semejanza con la gripe que todos hemos padecido alguna vez. Se origina cuando el virus experimenta una mutación que lo convierte en un cuerpo peligrosamente desconocido para nuestro sistema inmunitario y que se transmite con facilidad de un individuo a otro, a través de un estornudo, la tos o el contacto.

Las pandemias de gripe surgen de forma impredecible, aunque con una cadencia casi generacional: las tres últimas ocurrieron en 1918, 1957 y 1968. Aparecen cuando una de las numerosas cepas que circulan entre las aves salvajes y de corral evoluciona hacia una forma que resulta infecciosa también para el hombre. Luego, el virus se adapta o intercambia sus genes con una cepa de gripe humana para producir un nuevo germen patógeno altamente contagioso para las personas.

Algunas pandemias son leves. Otras, de gravedad extrema. Si el virus se replica más deprisa de lo que el sistema inmunitario aprende a defenderse del mismo (es decir, a producir anticuerpos), provoca una enfermedad grave y, en ocasiones, letal. Ello da lugar a una pestilencia que causa más muertes en un solo año que el sida en veinticinco. Los epidemiólogos han advertido que la próxima pandemia afectará a una de cada tres personas del planeta, obligará a hospitalizar una fracción extensa y matará de decenas a centenares de millones. La infección no respetará ninguna nación, raza, ni posición económica. No habrá modo de pararla.

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