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1 de Enero de 2017
Psicología del deporte

Atletas ­medallistas, ¿nacidos para triunfar?

¿Qué rasgos psicológicos y físicos diferencian a los mejores deportistas del mundo del resto de los mortales?

REUTERS PICTURES / PHIL NOBLE

En síntesis

Los investigadores sugieren que se necesita una ­mezcla correcta de talento físico, rasgos psicológicos y experiencia vital para alcanzar el grado máximo en cualquier deporte de competición.

Los deportistas de élite tienden a poseer un mayor grado de habilidad innata, una gran capacidad para lograr la forma física y más experiencia en la práctica de los estados mentales «de flujo» y «hacer que suceda». También sobresalen en ciertas tareas perceptivas y cognitivas.

Según un estudio, los atletas de alto rendimiento que acostumbran a ganar medallas con frecuencia han experimentado un acontecimiento traumático a temprana edad.

Cada evento olímpico nos sorprende con un puñado de «superhumanos» como Usain Bolt, Gabby Douglas y Michael Phelps. Los Juegos Olímpicos del año pasado en Río de Janeiro no fueron una excepción. Con demostraciones de resistencia física y elegancia, cautivaron a las masas, batieron récords y ganaron medallas.

¿Qué distingue a los atletas de élite del resto de los mortales? Durante años, esta cuestión ha generado un acalorado debate. Históricamente, expertos y entusiastas del deporte han considerado que los genes eran los principales responsables de tan extraordinarios logros: los mejores atletas nacían con características físicas superiores que les permitían sobrepasar a los demás. Numerosos analistas han atribuido el éxito del nadador estadounidense Phelps, ganador de 28 medallas olímpicas, a su envergadura con los brazos extendidos (de más de dos metros), así como a sus pies hiperflexibles en forma de aleta y que calzan una talla 48, quizás algo más.

Sin embargo, desde los noventa del siglo xx, otro enfoque va ganando terreno: el talento innato per se no es suficiente para alcanzar los niveles superiores del deporte. La verdadera pericia requiere, además, rasgos psicológicos determinados, años de trabajo duro y entrenamiento de primera categoría. Entre otros hallazgos, los psicólogos del deporte están descubriendo que la experiencia de superar retos emocionales importantes puede aportar una mayor resiliencia e impulsar una motivación excepcional en los atletas jóvenes. Los genes, por su parte, marcan la diferencia respecto a la respuesta individual al entrenamiento, además de modelar las capacidades basales.

«Durante mucho tiempo se ha pensado que o tenías un talento innato, o no lo tenías», explica K. Anders Ericsson, de la Universidad estatal de Florida. Este psicólogo sueco acuñó el término práctica deliberada para describir un entrenamiento que implica el establecimiento de metas, la repetición de unas habilidades concretas, la práctica mental y la retroalimentación inmediata. En la actualidad, su método se considera esencial para entrenar a los atletas de élite. En el libro Peak: Secrets from the new science of expertise, desacredita la idea de esos «perfiles naturales» que parecen salidos de la nada pero que con frecuencia han cambiado el deporte. «Siempre me han parecido plausibles las visiones alternativas que implican la práctica previa dirigida a unos objetivos», señala Ericsson.

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