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1 de Mayo de 2016
Psicología del trabajo

Los (d)efectos de la oficina colectiva

Las oficinas colectivas nacieron con la intención de promover la comunicación y facilitar el trabajo diario a los empleados. Sin embargo, recientes investigaciones advierten de las consecuencias negativas que pueden ocasionar para la salud y el rendimiento laboral.

ISTOCK / MONKEY BUSINESS IMAGES

En síntesis

Los diseñadores de oficinas esperaban que el trabajo en un espacio colectivo y abierto fomentaría la comunicación y la creatividad entre los trabajadores, a la par que terminaría con las jerarquías estrictas.

Sin embargo, el ruido, una ventilación deficiente y la falta de privacidad perjudican la satisfacción y el rendimiento de los empleados en oficinas de espacio abierto, según estudios de psicología laboral.

Dispositivos para la insonorización, espacios más privados y salas de reunión son algunas soluciones para paliar los posibles inconvenientes que comportan las oficinas colectivas.

El indio tenía su tienda, el bantú su cabaña, el esquimal su iglú. El oficinista tenía su oficina. Cuando quería estar solo podía cerrar la puerta, y llorar, hurgarse la nariz, soñar. Fuese lo que fuera. También trabajar. En paz. Sin ser molestado. Ahora, sin su cubículo, da pena verlo.» Como describe el periodista Christian Kämmerling en el diario suizo Weltwoche, muchos empleados no se encuentran a gusto en una oficina colectiva. Aun así, la idea de ahorrar gastos y el concepto de espacio abierto rondan en la cabeza de muchos jefes y superiores; aunque para ello se necesite reestructurar la planta de un edificio o incluso construir un nuevo inmueble.

Los espacios abiertos ahorran espacio y facilitan el trabajo diario, se piensa. La comunicación fluye y las estructuras de poder se rompen. Grandes compañías de tecnologías de la información, entre ellas Facebook y Google, confían en el «espacio abierto» (open space). Apuestan por la imagen de una empresa joven, sin jerarquías. En cambio, los críticos de este planteamiento de trabajo temen las consecuencias negativas, a saber, el ruido y la mala ventilación, e incluso posibles efectos psicológicos, como un aumento del estrés y una escasa satisfacción laboral. ¿Quién tiene razón?

En España, el real decreto 486/1997 del Ministerio de Empleo y Seguridad Social establece que el espacio de trabajo debe ser suficiente para que las tareas se realicen con movimientos y posturas de trabajo correctos. El diseño de los puestos de trabajo debe tener en cuenta la seguridad de los trabajadores (que evite los golpes y los choques con el mobiliario o la maquinaria) y unas condiciones ergonómicas aceptables que contemplen las posturas y los movimientos, los factores psicosociales (que respete las distancias interpersonales) y los ambientales (como el ruido y la calidad del aire).

El ruido continuo altera la concentración

Distintos estudios confirman que el nivel de ruidos en las oficinas colectivas puede perjudicar el bienestar, la concentración y la capacidad de rendimiento de los trabajadores. Una investigación danesa comparó las molestias psíquicas y físicas en distintos tipos de despacho. Alrededor de 2300 sujetos cumplimentaron formularios en los que también se trataban otras condiciones de trabajo. Los investigadores del Instituto Nacional de Salud en el Trabajo de Copenhague afirmaron que algunos síntomas guardaban relación con el espacio.

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