Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Agosto de 1981
Historia de la técnica

Los "Ictíneos" de Narcís Monturiol

Por las innovaciones introducidas y por la experiencia acumulada en las numerosas pruebas realizadas, representaron la resolución casi definitiva de los problemas planteados hasta entonces en la navegación submarina.

Si pasamos por alto las campanas de inmersión, ya conocidas en la antigüedad —Aristóteles nos habla de ellas y Alejandro Magno las utilizaó en el asedio de Tiro el año 332 a. de J.C.—, el primer intento serio de navegación submarina corresponde a Cornelius Drebbel (1572-1633), quien, en el año 1620, recorre las dos millas existentes entre Westminster y Greenwich, por el Támesis, con una tripulación de quince hombres, de los cuales doce, aplicados a los remos, constituían la fuerza motriz que hacía avanzar la nave a una profundidad que oscilaba entre los 3,5 y 4,5 metros. La inmersión se efectuaba admitiendo agua como lastre en depósitos situados convenientemente; y la emersión, soltando pesos.

Veinte años después, Marin Mersenne proyecta un nuevo tipo de submarinismo. Más tarde, John Wilkins (1614-1672), obispo de Chester, vuelve a ocuparse del mismo tema en su Mathematical Magick (1648). En 1683, Giovanni A. Borelli ideó el procedimiento de provocar la inmersión admitiendo agua en unos conductos o mangas, de manera que, al ser comprimidos, se expulsara aquella de nuevo, originando así la emersión de la nave. También Denis Papin construyó su barco sumergible, interesándose por el problema de la renovación del aire, que solucionó con un tubo cuyo extremo libre se mantenía fuera del agua mediante un flotador, al mismo tiempo que pensaba en la nave como máquina de guerra. Precisamente por intuir que un buque de tal naturaleza podía convertirse en un arma atroz, Leonardo de Vinci destruyó los planos de su artilugio submarino.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.