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Archivo de narval

Los cuernos de este cetáceo conservan pruebas del calentamiento del Ártico.

Narval. [AGEFOTOSTOCK Y ALAMY STOCK PHOTO]

El cuerno del narval atesora décadas de información ambiental y muestra a las claras los cambios que está experimentando el Ártico, describe un estudio publicado en Current Biology. Cada año el cuerno espiral se engrosa con una nueva capa, que incorpora los isótopos de carbono y nitrógeno y una parte del mercurio que el animal consume. Los autores compraron diez cuernos a cazadores inuits del noroeste de Groenlandia y descubrieron que albergaban casi medio siglo de información.

Poder acceder a esa larga serie de datos «supone un gran paso en el conocimiento de los factores que influyen en aspectos tales como la alimentación o el [nivel de] mercurio», explica el autor principal ­Jean-Pierre Desforges, biólogo marino de la Universidad McGill.

Los investigadores cortaron los cuernos (en realidad, colmillos hechos de dentina), pulverizaron una parte y analizaron el contenido de isótopos en las muestras. De los resultados se puede deducir en qué lugares y qué ha comido el narval, así como su exposición al mercurio, un potente veneno cuya acumulación afecta a los sistemas inmunitario y reproductor de los animales.

Desde los años 60 hasta los 90 del siglo pasado, cuando gran parte del hábitat de los narvales estaba cubierto por la banquisa de hielo, los isótopos del carbono y del nitrógeno indicaban que estos cetáceos comían peces situados en lo alto de la cadena trófica, como el fletán (Hippoglossus hippoglossus). Pero desde que la extensión de la banquisa comenzó a descender en picado, a partir de 1990, el perfil isotópico del carbono empezó a cambiar. Este indica un cambio en la alimentación, con peces propios del mar abierto y deshelado, como la saida (Boreogadus saida) o el capelán (Mallotus villosus), situados unos escalones más abajo de la cadena y, por tanto, con menos contenido de mercurio. Aun así, los narvales siguieron ingiriendo cantidades importantes de este metal tóxico. Los autores afirman que podría ser consecuencia del cambio climático o del aumento de las emisiones, o de una combinación de ambos factores.

Los cambios en las fuentes de alimento influyen en los contaminantes con que entran en contacto los narvales y la disponibilidad de nutrientes, lo que podría ocasionar alteraciones en la demografía de este cetáceo. De forma más general, la investigación demuestra que el colmillo del narval puede servir como un indicador del modo en que la región y sus habitantes están reaccionando al cambio climático, afirma Cortney Watt, bióloga marina de la Universidad de Manitoba y experta en cetáceos que no ha participado en esta nueva investigación. «Creo que son buenos indicadores de lo que se está cociendo en el ambiente. Un archivo fiable de lo que ha ocurrido y lo que está ocurriendo en el Ártico», concluye.

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