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  • Investigación y Ciencia
  • Mayo 2016Nº 476

Evolución humana

El misterioso Homo naledi

Una sorprendente colección de fósiles ha reavivado el debate sobre los orígenes de nuestra especie.

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El flamante gabinete de fósiles de la Universidad del Witwatersrand, en Johannesburgo, se queda pequeño. Sus vitrinas están repletas de huesos de nuestros parientes humanos más antiguos, descubiertos durante los últimos 92 años en las numerosas cuevas de la Cuna de la Humanidad, famosa región a tan solo 40 kilómetros al noroeste de donde nos encontramos. Esta colección de fósiles de humanos extintos está considerada desde hace tiempo una de las más completas del mundo. Aun así, en fecha reciente sus posesiones se han duplicado debido al hallazgo de cientos de huesos y fragmentos en Rising Star, un sistema de cuevas de la zona. En opinión del paleoantropólogo Lee Berger y sus colaboradores, quienes desenterraron y analizaron los restos, corresponden a una nueva especie humana, Homo naledi —así llamada por la palabra estrella en la lengua sesotho—, que podría invalidar ideas muy arraigadas sobre el origen y la evolución de nuestro género, Homo.

A finales de 2015, Berger, con una chaqueta de cuero marrón y listo para la cámara, está a punto de empezar a perorar ante una docena de periodistas que nos congregamos a su alrededor en el gabinete de fósiles. Dirige la atención de los visitantes hacia seis estuches —en un principio para fusiles de asalto— desplegados sobre mesas por toda la habitación. Cada uno contiene en sus compartimentos de gomaespuma un impresionante surtido de fósiles. En las vitrinas de la pared del fondo se observan docenas de recipientes de plástico transparente con huesos de H. naledi etiquetados como «fragmentos de cráneo», «pelvis» o «radio». Berger toma el estuche número dos, el que contiene las joyas de la corona de la asociación de fósiles de Rising Star —los huesos que caracterizan la especie— y extrae un maxilar superior y otro inferior. Los coloca cuidadosamente uno sobre el otro y muestra cómo encajan, con un ademán ensayado para que todos puedan observarlo bien. El grupo profiere un murmullo de aprobación y enseguida los bolígrafos empiezan a garabatear, las cámaras a disparar, y los flashes a brillar. A continuación se dirige hacia el siguiente espécimen y va respondiendo preguntas, posando para las fotos y animando a los visitantes a sacarse selfies con las celebridades del gabinete.

Hace tan solo unas décadas, el total de los fósiles pertenecientes a nuestros parientes humanos extintos, también denominados homininos, cabía en el cajón de un escritorio. Esos días de penuria quedaron atrás. Desde entonces se han recopilado más indicios de la historia evolutiva de la familia humana que de muchos  tros grupos de animales, incluidos nuestros parientes vivos más cercanos, los grandes simios. Gracias a ello sabemos ahora que, por ejemplo, las raíces de la humanidad se remontan hasta hace al menos siete millones de años, y que durante gran parte de ese tiempo nuestros antepasados compartieron el planeta con otros homininos.

Con todo, a los científicos todavía les queda mucho que aprender. Algunos capítulos de la historia humana son completamente desconocidos en el registro fósil; otros están fundamentados en pruebas tan exiguas que constituyen poco más que especulaciones. Por tanto, aunque el registro fósil humano es hoy mucho más abundante de lo que fue, todavía resulta tan imperfecto que los hallazgos novedosos siguen trastornando las ideas que los científicos tienen del pasado de la humanidad; a veces, de manera considerable.

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