Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Mayo 2016Nº 476

Cosmología

Reconstruir la historia del universo

El sondeo PAU de energía oscura medirá con gran precisión la distancia y el desplazamiento al rojo de millones de galaxias.

Menear

¿Existe el universo desde siempre o tuvo un comienzo? ¿Seguirá existiendo eternamente o tendrá un final? Todas las civilizaciones han dado alguna respuesta a estas preguntas, en general en el ámbito de sus religiones. Sin embargo, pocos científicos se han atrevido a planteárselas y menos aún han osado aventurar una respuesta.

En el ámbito de la ciencia, durante el siglo pasado se llegó a la conclusión de que el  niverso —finito o infinito, eterno o no— se expande. Pero, dado que la gravedad tiende a frenar la expansión cósmica, la pregunta era si dicho proceso se detendría algún día y el universo comenzaría a contraerse, o si, por el contrario, seguiría expandiéndose para siempre, aunque cada vez más despacio. La pregunta tenía sentido y el marco científico en que se formulaba se entendía bien, por lo que numerosos grupos de investigación en todo el mundo intentaron dar con una respuesta.

En 1998, dos equipos independientes efectuaron un descubrimiento inesperado: el universo no solo se expandía, sino que lo hacía cada vez más deprisa. El fenómeno superaba el marco científico antes mencionado y condujo a la hipótesis de que, además de materia y radiación, el cosmos se encuentra impregnado de un componente con la peculiar propiedad de ejercer una presión negativa. El efecto de esta presión es contrario al de la gravedad, por lo que, si domina sobre ella, provocará que la expansión se acelere. Dicho componente recibe el nombre de energía oscura. Pero ¿qué es? Riess y Livio la describen con gran acierto: un rompecabezas cuyas posibles soluciones encierran profundas implicaciones para la física fundamental.

Como siempre ocurre con los grandes descubrimientos, el de la energía oscura generó un gran interés. Debido en parte a este sorprendente hallazgo y a una serie de avances técnicos notables, los últimos años han conocido el auge de una disciplina, nueva en cierto modo, a la que hemos dado en llamar «cosmología observacional».

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados