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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2019Nº 508
Panorama

Neurociencia

Eliminación de desechos tóxicos del cerebro

Una red linfática interactúa con los vasos sanguíneos para depurar los productos de desecho del encéfalo, un mecanismo que interviene en la cognición, el envejecimiento y trastornos como el alzhéimer.

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Una red de vasos linfáticos actúa en tándem con el árbol vascular sanguíneo para regular el equilibrio hidroelectrolítico del organismo. Aunque el encéfalo no posee una red linfática propia, las membranas celulares que lo rodean, las meninges, sí la contienen. El sistema linfático meníngeo, descrito en 1787, se ha «redescubierto» en la presente década. Pero, ¿interviene este en las enfermedades cerebrales, igual que el sistema linfático general lo hace en las enfermedades sistémicas como el cáncer? En un artículo de Nature, Sandro Da Mesquita, de la Universidad de Virginia, y sus colaboradores revelan que los vasos linfáticos meníngeos contribuyen a mantener la actividad cognitiva y los niveles adecuados de proteínas en los líquidos encefálicos (un proceso denominado proteostasis). El hallazgo reviste gran interés para el envejecimiento normal y trastornos tales como la enfermedad de Alzheimer.

Los vasos linfáticos del organismo se encargan de eliminar de los tejidos el líquido intersticial, que contiene productos de desecho, como residuos celulares y moléculas tóxicas. El líquido intersticial forma la linfa, un líquido rico en proteínas que recorre el sistema linfático y retorna a la circulación sanguínea. En su camino, la linfa pasa por el filtro de los ganglios linfáticos, que desencadenan respuestas inmunitarias si detectan partículas extrañas.

El encéfalo no posee vasos linfáticos propios. En consecuencia, las proteínas y los desechos de su tejido principal (el parénquima) son transportados en el líquido intersticial al lado de las paredes de los vasos sanguíneos hasta alcanzar el líquido cefalorraquídeo (LCR), que circula por las meninges. Es bien sabido que las proteínas, los productos de desecho del metabolismo y otras moléculas presentes en estos líquidos pueden eliminarse del cerebro mediante su paso a través de las paredes de los vasos sanguíneos, cruzando así la barrera hematoencefálica, en un proceso denominado eliminación transvascular. No obstante, se desconocía si los vasos linfáticos meníngeos también participaban en la eliminación de desechos.

El equipo de Da Mesquita destruyó los vasos linfáticos meníngeos de ratones inyectando en la cisterna magna (un gran espacio lleno de LCR en las meninges) un producto que daña los vasos. Después administraron en ella un marcador fluorescente. En los ratones que carecían de vasos linfáticos meníngeos, el marcador no llegó a los ganglios linfáticos cervicales profundos, en los que drenan los vasos linfáticos meníngeos en condiciones normales. Del mismo modo, la inyección de marcadores en el parénquima cerebral puso de manifiesto una disminución del drenaje del líquido intersticial en los ganglios cervicales profundos.

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