Incendios boreales

La intensificación de los incendios forestales en las regiones de altas latitudes está transformando el paisaje y acentuando el cambio climático

[Design Pics, Inc. Alamy Stock Photo]

En síntesis

En los últimos años, la frecuencia, la intensidad y la extensión de los incendios forestales de las regiones boreales han ido en aumento.

Estos grandes fuegos arrojan una enorme cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera, la mayor parte procedente de la combustión del grueso mantillo de restos orgánicos que cubre el suelo forestal.

Los investigadores se afanan por comprender las repercusiones de esas perturbaciones en el clima y en los ecosistemas boreales de la tundra y la taiga.

El 5 de junio de 2019, los rayos de una tormenta eléctrica primaveral inusualmente temprana provocaron un incendio en el interior del Refugio Nacional de Vida Silvestre de Kenai, en la zona central del sur de Alaska. Las altas temperaturas de finales de mayo habían revertido los efectos de una primavera húmeda y habían secado en poco tiempo el suelo forestal. El consiguiente incendio en la zona de Swan Lake, a unos ocho kilómetros al noreste de Sterling, se extendió sin tregua durante un mes bajo unas condiciones climáticas extraordinariamente cálidas. Hacia el 9 de julio, más de 400 personas combatían las llamas tras haber ardido más de 40.000 hectáreas. El 17 de agosto, un cambio en la dirección del incendio debido a los fuertes vientos causó numerosas evacuaciones. El viento también derribó líneas eléctricas, lo que originó nuevos incendios como el de Deshka Landing y el rápido incendio de McKinley, que engulló más de 130 hogares, negocios y edificios anexos. Afortunadamente, nadie perdió la vida.

El incendio de Swan Lake se mantuvo activo hasta octubre, cuando unas lluvias tardías permitieron finalmente a los bomberos contener las llamas después de que unas 67.500 hectáreas hubieran quedado calcinadas. Durante los cinco meses que duró el incendio, la policía estatal se vio obligada a cortar repetidas veces la autopista de Sterling, la principal vía de la zona. Las autoridades sanitarias advirtieron sobre un humo «nocivo» o incluso «peligroso», cargado de minúsculas partículas que podían perjudicar los pulmones durante una tercera parte de los días de junio, julio y agosto en la zona central del sur de Alaska, donde se aloja el 60 por ciento de la población del estado. Las empresas dependientes del turismo perdieron el 20 por ciento de sus ingresos estacionales.

La nieve y el frío invernales concedieron un respiro, pero, en enero de 2020, un equipo de apertura y mantenimiento de senderos advirtió de la presencia de humo en la zona donde se había producido el incendio de Deshka Landing. Al llegar, los bomberos descubrieron que el incendio nunca había llegado a extinguirse del todo. Había ardido bajo tierra durante cuatro meses y había resurgido a través de la capa de nieve. En junio, cuando el estado se volvía nuevamente cálido y seco, se informó de la presencia de humo en la zona donde se había desencadenado el incendio de Swan Lake. Tras haber ardido sin llamas durante los ocho meses de invierno y primavera, se había reavivado.

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