La ley cuadrático-cúbica y el tamaño de los gigantes

Un sencillo principio matemático impide la existencia de seres arbitrariamente grandes.

[FRED WIERUM/WIKIMEDIA COMMONS]

Hace unas semanas, mi hija pequeña estaba viendo una serie de anime titulada Ataque a los titanes. Le pregunté por las descomunales criaturas de aspecto humano que aparecían en ella y me aclaró que eran los «titanes», monstruos que se comían a la gente. «Algunos miden solo 3 metros, pero los más grandes pueden alcanzar ¡60 metros de altura!», añadió emocionada. Me pareció una buena oportunidad para ejercer de abuelo cebolleta y explicarle la ley cuadrático-cúbica, de modo que repliqué: «Eso es físicamente imposible porque...». No me permitió acabar la frase: «Ya, ya... ¿Me dejas seguir viendo la serie?» Así que, como tenía la sencilla y sorprendente explicación en la punta de la lengua, decidí plasmarla en esta columna.

Si nos fijamos en el peso de los organismos que habitan nuestro planeta, veremos que varía desde los 10−13 gramos de los micoplasmas, bacterias que carecen de pared celular, a las más de 100 toneladas de la ballena azul. Eso son ¡21 órdenes de magnitud! Al pensar en animales gigantescos, enseguida nos viene a la cabeza el diplodocus, que podía alcanzar casi 30 metros de longitud gracias a su cuello y cola enormes. Pero otros dinosaurios (como Argentinosaurus, con sus 100 toneladas; Seismosaurus, con sus 50 metros de largo; y Sauroposeidon, con unos 18 metros de alto) lo superaron con holgura. Son tamaños y pesos que empequeñecen a los animales terrestres actuales: el más alto, la jirafa, se eleva poco más de 5 metros, y el más pesado, el elefante africano, no pasa de 12 toneladas.

¿Hay algún motivo para que no existan ni hayan existido animales aún más grandes? El peso es el principal sospechoso, más aún si nos percatamos de que, en los océanos, los animales alcanzan dimensiones mayores. El pez actual de mayor tamaño es el tiburón ballena, que llega a 12 metros de longitud. Lo supera el calamar gigante, que puede rebasar los 15 metros. Pero el récord, con un máximo conocido de 33 metros y 180 toneladas, lo ostenta la ballena azul. Atendiendo a su masa corporal, este cetáceo es el mayor animal que jamás ha existido. Y el hecho de que los seres más pesados de la historia de la biosfera sean marinos se debe al principio de Arquímedes: en el agua, los cuerpos experimentan un empuje que compensa la fuerza de la gravedad.

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