Una maravilla mecánica del mundo antiguo

Un equipo científico aporta novedades sobre los complejos engranajes del mecanismo de Anticitera, un valioso artefacto astronómico de la antigua Grecia.

[© 2005 MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL DE ATENAS (fotografía, izquierda);
© 2005 NIKON X-TEK SYSTEMS (imagen de rayos X, derecha)]

En síntesis

El mecanismo de Anticitera es una calculadora astronómica fechada en el siglo ii a.C. Los conocimientos técnicos que reúne superan con mucho los de cualquier otro ingenio conservado de la época y los siglos siguientes.

Las modernas técnicas de imagen han permitido escrutar el interior y deducir la estructura y las asombrosas prestaciones del artefacto, incompleto y seriamente dañado por dos milenios de corrosión marina.

Tras décadas de estudio, en este artículo se da a conocer un nuevo modelo hipotético, elaborado por un equipo científico internacional organizado ex profeso para su estudio.

Un día de 1900, el buzo Elias Stadiatis, enfundado en una pesada escafandra con casco de cobre y latón y traje de lona, emergió del mar temblando de miedo, murmurando algo acerca de un «montón de cadáveres desnudos». Formaba parte de un grupo de pescadores de esponjas provenientes de la isla de Symi, en el este del mar Egeo, que había buscado refugio ante una violenta tormenta cerca de la pequeña isla de Anticitera, enclavada entre Creta y la Grecia continental. Cuando el temporal amainó y se sumergieron en busca de esponjas, dieron con un pecio lleno de tesoros griegos, los más importantes del mundo antiguo descubiertos hasta entonces. Los «cadáveres desnudos» no eran sino esculturas de mármol esparcidas por el fondo del mar junto con otros muchos objetos. Poco después, su hallazgo dio pie a la primera gran excavación submarina de la historia.

Uno de los objetos recuperados, un bulto del tamaño de un gran diccionario, pasó desapercibido entre otros hallazgos más interesantes a primera vista. Meses más tarde, en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, el objeto se rompió dejando al descubierto unas ruedas dentadas de precisión del tamaño de una moneda, hechas de bronce. Según los conocimientos de la época, los engranajes de ese tipo no existieron ni en la Grecia clásica ni en ningún otro lugar del mundo antiguo, pues no se habrían inventado hasta siglos después del naufragio, de modo que el descubrimiento suscitó una gran controversia.

Conocido como el mecanismo de Anticitera, el extraordinario artefacto ha desconcertado a historiadores y científicos desde hace más de 120 años. A lo largo de las décadas, el amasijo original se descompuso en 82 fragmentos que lo convirtieron en un rompecabezas endiabladamente difícil de resolver. Aparenta ser una calculadora astronómica de intrincada complejidad, algunas de cuyas funciones entendemos hoy razonablemente bien, pero quedan incógnitas por despejar. Sabemos al menos que es tan antiguo como el pecio donde fue hallado, fechado entre los años 60 y 70 a.C., si bien ciertos indicios apuntan a que pudo ser fabricado alrededor del 200 a.C.

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