Imágenes sísmicas de los límites de placa

Gracias a la reflexión de las ondas sonoras provocada por explosiones submarinas se obtienen imágenes de la estructura de la corteza oceánica en zonas de subducción y valles de fractura.

¿Cómo averiguan los geólogos lo que hay y los procesos que se están desarrollando bajo el suelo oceánico? En las dos últimas décadas el triunfo de la teoría de la tectónica de placas ha conferido especial significado a esa cuestión. Las placas móviles que constituyen la capa externa de la tierra presentan, pese a su diversidad de tamaño, desde unos pocos centenares hasta decenas de miles de kilómetros cuadrados, una importante característica común: su interior es rígido. Por consiguiente, sólo experimentan grandes deformaciones en sus límites, y en ellos se dan los procesos geológicos de gran escala. Las montañas y volcanes se forman donde las placas colisionan; allí donde se separan, se abren cuencas oceánicas y se crea nuevo suelo marino. Sacuden los terremotos esas dos regiones, aunque también las fallas transformantes, donde se producen rozamientos violentos de unas placas contra otras. Para interpretar los mecanismos de tales interacciones los investigadores han de estudiar la deformación de la corteza en los bordes de placa; puesto que un 70 por ciento de la superficie de la tierra está cubierta por los océanos, la mayoría de esos bordes se encuentran sumergidos a grandes profundidades.

A diferencia de los geólogos que trabajan en tierra, los geólogos marinos y geofísicos no pueden efectuar una observación inmediata de su materia de estudio. Qué duda cabe de que se han obtenido imágenes espectaculares del suelo marino desde vehículos sumergibles de investigación y con buques de superficie que arrastran cámaras con cables de varios kilómetros de longitud, pero la fracción de fondo oceánico sometida a observación visual resulta insignificante, y no parece que la situación vaya a cambiar en un futuro inmediato. La perforación en mares profundos ha proporcionado datos esenciales acerca de las formaciones rocosas situadas bajo el suelo del mar, pero también se limita a puntos aislados. Además, las perforaciones profundas no han penetrado ni siquiera dos kilómetros de las capas superiores, sedimentarias, de la corteza oceánica y apenas uno de las capas ígneas del zócalo, formadas por el magma que asciende en los centros de expansión mesoceánicos.

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