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1 de Diciembre de 2015
Sistema solar

El océano caliente de Encélado

Bajo la capa de hielo del pequeño satélite de Saturno se esconde una gran masa de agua con actividad hidrotermal. ¿Se dan allí condiciones aptas para la vida?

Actividad geológica: Desde las fisuras situadas en el polo sur de Encélado, el satélite de Saturno, emanan chorros de partículas de hielo procedentes del agua líquida que yace bajo su corteza helada. Esta fotografía fue tomada por las cámaras de Cassini, la sonda que desde 2004 estudia el gigante gaseoso y sus lunas. [NASA/JPL/SSI/EMILY LAKDAWALLA; ADAPTADO POR SPEKTRUM DER WISSENSCHAFT]

En síntesis

Encélado, la pequeña luna de Saturno, arroja al espacio enormes chorros de vapor de agua y cristales de hielo que, posteriormente, se incorporan al extenso anillo E del gigante gaseoso. El agua proviene de un océano salado oculto bajo el hielo del satélite.

Las nanopartículas de dióxido de silicio analizadas por el detector de polvo de la sonda Cassini han revelado que, en el lecho oceánico, las temperaturas superan los 90 grados Celsius y alcanzan valores que tal vez lleguen a los 200 grados. El pH presenta valores alcalinos.

Un número creciente de investigadores considera que, en la Tierra, la vida pudo originarse en regiones del fondo oceánico con condiciones muy similares a las inferidas en las aguas de Encélado. Ello ha puesto a la distante luna en el punto de mira de los astrobiólogos.

En las profundidades del océano Atlántico, la naturaleza ha erigido unas peculiares torres. Se alzan hasta 60metros por encima del fondo marino, como si se tratase de los rascacielos abandonados de una ciudad hundida. Solo los robots pueden acceder a este insólito paraje, situado a 4500 metros bajo el nivel del mar. Sus focos disipan la oscuridad eterna y revelan la existencia de todo tipo de seres vivos. Gasterópodos, crustáceos y bivalvos pueblan este campo submarino de fuentes hidrotermales conocido como la Ciudad Perdida. Las supuestas edificaciones se componen en realidad de caliza, y de ellas emana agua rica en minerales procedente del fondo oceánico [véase «Geoquímica de los humeros blancos», por Alexander S. Bradley; Investigación y Ciencia, febrero de 2010]. Descubierto en el año 2000, el lugar se popularizó un lustro después gracias al documental en formato IMAX Aliens of the deep.

Además de entusiasmar al público y a los expertos en biología marina, el peculiar biotopo de la Ciudad Perdida ha despertado el interés de otra comunidad: la de planetólogos. Varias investigaciones recientes han demostrado que sus condiciones fisicoquímicas se asemejan a las del lecho oceánico que, gracias a los datos enviados durante los últimos años por la sonda Cassini, sabemos que existe en las profundidades de Encélado, una de las lunas de Saturno.

De entre los más de sesenta satélites conocidos del gigante gaseoso, Encélado, con un diámetro medio de 504 kilómetros, posee un tamaño más bien modesto. Descubierto por William Herschel en 1789, este pequeño mundo no pasó de ser un mero punto de luz en los telescopios hasta que fue fotografiado por las sondas Voyager en los años ochenta. La pequeña luna se encuentra completamente cubierta de hielo, cuya elevada reflectividad, mayor incluso que la de la nieve recién caída, otorga a su superficie un intenso brillo.

También su órbita resulta llamativa. Encélado surca el anillo E de Saturno, muy difuso y apartado del sistema de anillos principales del gigante gaseoso. Hoy estos últimos pueden contemplarse con un telescopio de aficionado. El E, sin embargo, pasó inadvertido hasta 1966, cuando fue descubierto mediante observaciones efectuadas desde la superficie terrestre. En la era de las sondas espaciales, este anillo ha adquirido protagonismo gracias a Encélado.

En verano de 2004, y tras casi siete años de vuelo, la sonda estadounidense-europea Cassini-Huygens llegó a Saturno. La nave más cara y pesada que jamás se haya lanzado al sistema solar exterior ha desempeñado hasta ahora su cometido con gran éxito. La misión se ha ampliado en varias ocasiones, por lo que hace ya una década que sus instrumentos estudian el planeta, sus anillos y sus lunas.

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