Distanciamiento social en los insectos

Las abejas también utilizan el distanciamiento social para evitar las enfermedades

[REDMOND DURRELL/ALAMY STOCK PHOTO]

El ser humano no es la única especie que pone en práctica el distanciamiento de los demás para hacer frente a un patógeno mortal: un nuevo estudio indica que las abejas melíferas modifican el comportamiento y el uso del espacio para evitar la propagación del ácaro causante de la varroosis (Varroa destructor), que se alimenta de los órganos de su hospedadora y puede ser portador de virus funestos. Los autores observaron tales cambios en abejas silvestres y domesticadas infestadas por este ácaro, que constituye una de las mayores amenazas para este himenóptero en todo el mundo. 

El equipo comprobó que, en las poblaciones silvestres infestadas, las pecoreadoras más veteranas practican en la periferia de la colmena sus danzas, con las que indican a las demás la ubicación de las fuentes de alimento. De esa forma pretenden evitar que las jóvenes nodrizas y las larvas ubicadas en el centro de la colmena caigan enfermas. Las abejas silvestres infestadas también se acicalan mutuamente con más intensidad en busca de parásitos en el centro de la colonia, cuando están entre las abejas jóvenes, que son más valiosas. Los hallazgos se han descrito en Science Advances

«Interpretamos este cambio en la organización social como una posible estrategia para limitar la diseminación del parásito en el enjambre», afirma la autora principal Michelina Pusceddu, investigadora de ciencias agrarias de la Universidad de Sassari. 

Como preveían, las abejas domesticadas infestadas recibieron más acicalamiento que las sanas. Pero, en contra de lo esperado, las infestadas también entablaron más actividades de socialización, como la palpación con las antenas y el reparto de alimento regurgitado. Esto podría ser el reflejo de una solución de compromiso entre contener la propagación del parásito y mantener la comunicación, aclara la autora. «Probablemente el distanciamiento social es demasiado costoso a pequeña escala o dentro de la misma cohorte», señala Alberto Satta, otro de los autores del estudio, de la misma universidad. 

El estudio ejemplifica cómo «hallar indicios de cambios de comportamiento complejos —como el fenómeno del distanciamiento social— para lidiar con las peculiares exigencias que supone vivir en un gran grupo social», opina Adam Dolezal, entomólogo de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, ajeno al estudio. La propia investigación de Dolezal ha demostrado que las abejas reducen el contacto con las compañeras infectadas por otro patógeno denominado virus israelí de la parálisis aguda, al que detectan mediante el olfato. 

Las hormigas Lasius niger, las langostas, las aves y los primates no humanos también muestran conductas de alejamiento social. Pero en cualquier animal social, mantener las distancias tiene un coste.

Este artículo apareció publicado en la sección de Actualidad Científica el 18 de febrero de 2022.

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