Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Diciembre de 1989
Física de partículas

El colisionador lineal de Stanford

El primer colisionador lineal del mundo ha entrado ya en funcionamiento. La "fábrica de Z cero" de Stanford permite medir con una precisión sin precedentes la masa y la vida media de la partícula Z cero, transmisora de la fuerza electrodébil.

A primera hora de la mañana del martes 11 de abril, el sol comenzaba a disipar la niebla de las verdes colinas que rodean el Centro del Acelerador Lineal de Stanford (SLAC), cuando mis colegas del turno de noche partían hacia sus casas. Minutos antes, sin saberlo ninguno de nosotros, una oleada de energía había pasado de repente por la estructura de hierro de tres pisos de altura y de 1800 toneladas de peso que forma el armazón del detector Mark II. El suceso se produjo en menos de un abrir y cerrar de ojos. La mañana siguiente, Barrett Milliken, un becario de postdoctorado del Instituto de Tecnología de California, observó algo insólito cuando estudiaba detenidamente la información del día anterior almacenada en el ordenador. Dos chorros finos de partículas habían surgido del centro y llegado al detector, depositando unos 65.000 millones de electronvolt de energía. Milliken se dio cuenta de que el corto pulso mostraba las inconfundibles características de un Z0 —partícula que "transporta" la fuerza nuclear débil, una de las fuerzas fundamentales de la naturaleza. Llegado el mediodía, la noticia había recorrido ya el mundo entero: en el SLAC, habíamos alcanzado por fin la meta que se nos había estado escapando durante casi un año.

Lo interesante del suceso de abril no era tanto la observación del Z0 (pronúnciese "Z cero"), descubierto seis años atrás, cuanto la creación de la partícula en una máquina, el colisionador lineal de Stanford (SLC), cuyo diseño no tenía precedentes. El SLC provoca la colisión de haces de electrones y positrones (las antipartículas del electrón) de alta energía, un método que ha cosechado frutos espléndidos en el estudio de las interacciones fundamentales de la materia. Ahora bien, desde 1960, fecha en que se empezaron a construir las máquinas, los colisionadores electrón- positrón habían consistido sieml pre en dos haces de partículas que procedían en sentidos opuestos a lo largo de una trayectoria circular; los haces se cruzaban, o colisionaban, en varios puntos a lo largo del circuito, produciendo chorros de nuevas partículas. Rompiendo con la tradición, el SLC dirige dos haces lineales uno contra otro.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.