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Crecimiento de las regiones centrales del Tercer Mundo

En ellas se sitúa la industria y la mayoría de las principales ciudades. Desde 1950, la población de las regiones centrales de las naciones en desarrollo ha aumentado a un ritmo que plantea graves problemas sociales y económicos.

¿Cuál es el problema demográfico más apremiante del Tercer Mundo? La respuesta habitual suele remitir al rápido crecimiento demográfico. Pero muchas naciones en vías de desarrollo tienen un problema demográfico con implicaciones inmediatas muchísimo más graves: la creciente concentración de la población en sus principales ciudades. Un ejemplo impresionante es el de Corea del Sur. En 1955, su población era de 21,5 millones y un 18 por ciento de la misma residía en Seúl o sus alrededores. Durante los 25 años siguientes, más de la mitad del crecimiento demográfico del país tuvo lugar en la región de la capital. En 1980, la población total alcanzaba los 37,4 millones y un 36 por ciento de todos los coreanos residía en Seúl o aledaños. Más de la mitad de la producción económica total del país se concentraba en un radio de 25 kilómetros del centro de la capital.

En términos de geografía económica, Seúl y sus alrededores constituyen el «centro» o «núcleo central» de Corea del Sur. El resto del país forma la «periferia». El centro, que puede abarcar una parte considerable del territorio nacional, es el punto neurálgico de la nación. Además de concentrar gran parte de la industria y de la población urbana del país, el centro suele ser el foco de la red de transportes y la sede del gobierno nacional. Dada su importancia, cualquier perturbación que se produzca en él puede amenazar la estabilidad de toda la nación. El rápido crecimiento demográfico de las regiones centrales está creando precisamente este efecto perturbador en todo el Tercer Mundo. En algunas grandes ciudades de las naciones en vías de desarrollo, la superpoblación y la contaminación parecen estar rebasando el límite de las posibilidades ecológicas del medio. Asimismo, el rápido crecimiento demográfico del núcleo central crea una demanda de viviendas, transportes y asistencia sanitaria que grava onerosamente el presupuesto de los países pobres. Las desproporcionadas inversiones públicas que se requieren para cubrir estas necesidades y evitar el caos en el centro pueden provocar considerable malestar entre los habitantes de la periferia.

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