Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2005Nº 342

Historia

La ceca de Iulia Traducta

En tiempos de Octavio Augusto, la moneda constituyó un vehículo de extraordinaria fuerza propagandística al servicio del poder. Lo comprobamos en la ceca de una colonia de Algeciras.
Menear
Cuando se escribe sobre monedas del mundo antiguo, trátese de colecciones privadas o públicas, siempre queda la duda sobre su proveniencia, salvo que éstas vengan de una excavación arqueológica. En ese fenómeno ha tenido mucho que ver el afán del hombre por el coleccionismo. Aficionados famosos fueron el cardenal Pietro Barbo y Cosme el Viejo, en el Renacimiento.
El punto de inflexión sobre los estudios numismáticos se fecha con la publicación, en 1515, del libro De asse et partibus eius (Del as y sus partes), de Guillermo Budé, y, dos años más tarde, Illustrium Imagines (Imágenes de hombres ilustres), de Andrea Fulvio. Se proponen ambos divulgar los conocimientos numismáticos a través de las imágenes de las piezas; prima el sentido iconográfico sobre el metrológico. Desde esa perspectiva abordamos este estudio.
Las primeras monedas aparecieron en Lidia, en el siglo VII a.C. Estaban acuñadas en una aleación de oro y plata (electrón). Desde esa región del Asia Menor, su uso se propagó por la Hélade. Entendida la acuñación como un símbolo de independencia, las ciudades estado comienzan a emitir moneda de plata con pesos similares para sus colonias. Cada ciudad adoptará un emblema propio, que figurará en sus decoraciones: la lechuza en Atenas, la tortuga en Egina o el caballo alado en Corinto. Hasta la época de Alejandro Magno el retrato de un personaje no ocupa el anverso de las monedas. En torno al siglo IV a.C. también se acuñan en Roma lingotes rectangulares de bronce que portan una marca: aes signatum, con un peso de un kilo y medio aproximadamente.

Puede conseguir el artículo en: