Almacenamiento de memoria y sistemas neurales

El proceso de aprendizaje que tiene lugar durante el condicionamiento pauloviano va acompañado de cambios en las propiedades de las células nerviosas. Cambios que pueden orientar la creación de redes artificiales.

Un caricaturista retrata el rostro de un personaje famoso con un número mínimo de trazos, artísticamente dispuestos. El apunte proporciona suficiente información visual para evocar en el observador un patrón recordado con el que rellena los espacios no dibujados. En este sentido, el ser humano es un dispositivo reconocedor de patrones, creado en el transcurso de la evolución; las memorias son los patrones que se almacenan.

El almacenamiento de patrones —que equivale a decir formación de la memoria— está gobernado por una regla bastante simple: los elementos de un patrón quedarán asociados en una memoria, si dichos elementos se perciben más o menos simultáneamente. Un patrón se forma y retiene cuando un conjunto de elementos o piezas se asocian al mismo tiempo. Así, pues, las características de un rostro conocido se almacenan conjuntamente, no una a una. Un patrón de notas musicales se guarda en forma de melodía.

Del mismo modo, es característico de los patrones de memoria que el conocimiento de una pequeña parte desencadene el conocimiento del conjunto. Un rasgo familiar en el rostro de un desconocido puede hacer recordar otro del rostro de un amigo; unas notas de un estribillo pueden evocar un movimiento sinfónico completo. Y no tan sólo los elementos de un mismo patrón están enlazados: unos patrones llaman a otros patrones. El patrón visual del rostro de un amigo puede estar unido al patrón sonoro de su nombre y al del olor de su loción de afeitar.

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