Zeolitas sintéticas

En los últimos 30 años, las zeolitas, análogos artificiales de los minerales porosos, han revolucionado la industria petrolífera. La búsqueda de nuevas formas de aplicación comercial continúa sin cesar.

En 1756, el barón Axel F. Cronstedt, mineralogista sueco, observó con sorpresa que Ciertos minerales, al calentarse lo suficiente, burbujeaban como si estuvieran hirviendo. Los denominó zeolitas, de las palabras griegas zeo, hervir, y lithos, roca. Desde entonces, se han descubierto unas 40 zeolitas minerales o naturales.

El análisis químico y estructural muestra que las "piedras hirvientes", que hoy sabemos que están formadas principalmente por silicio, aluminio y oxígeno, y que albergan una amplia gama de otros elementos, son cristales muy porosos, surcados por canales submicroscópicos. Dichos canales contienen agua (lo que explica su ebullición a altas temperaturas), que puede eliminarse —por calentamiento combinado con otros tratamientos— sin alterar su estructura cristalina. Las zeolitas anhidras admiten múltiples aplicaciones; verbigracia, la de actuar como tamices moleculares: "filtros inversos" que, al contrario que los filtros al uso, capturan las moléculas más o menos pequeñas y permiten el libre flujo de las grandes.

A principios del siglo xx, las insólitas propiedades de las zeolitas estimularon los esfuerzos de los químicos por sintetizar sus cristales. Muchos de ellos tuvieron éxito y descubrieron, incluso, estructuras inexistentes en la naturaleza. Las formas sintéticas han adquirido tal importancia comercial, que se producen en mayor cantidad que buena parte de los restantes materiales cristalinos.

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