El alce de Jefferson

Thomas Jefferson libró una segunda revolución al combatir la imagen que habían creado los naturalistas europeos de una América degenerada.
RICHARD ROSS
Aunque a Thomas Jefferson se le conoce sobre todo por haber elegido las palabras que justificaban la independencia de EE.UU., este político y estadista fue también científico. Tal combinación lo llevó a dedicar gran cantidad de tiempo y energía a desacreditar una idea extendida en Europa: que América era un lugar degenerado. Una degeneración se evidenciaba, supuestamente, en la debilidad y el raquitismo de su flora, su fauna y su gente.
Los esfuerzos de Jefferson por ilustrar la total igualdad biológica entre el Nuevo y el Viejo Mundo iban más allá del simple orgullo por el continente patrio; él y otros fundadores creían necesario refutar esa idea para garantizar el desarrollo y la prosperidad de su nuevo país. La cruzada antidegeneración tuvo la suficiente importancia como para que el senador por Nueva York, Samuel Latham Mitchill, en un panegírico a Jefferson durante su funeral en 1826, la comparara con una segunda proclamación de independencia.

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