Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

¿Filosofía o ideología?

Un recorrido desaprovechado por la ciencia ficción más popular del último medio siglo.

¡VIGILEN LOS CIELOS!
LA FILOSOFÍA DE LA CIENCIA FICCIÓN
Luis Miguel Ariza
Arpa Editores, 2018

¡Vigilen los cielos!, título que homenajea al libro de Bill Warren Keep watching the skies, no es una obra sobre la filosofía de la ciencia ficción. Más bien puede definirse como un conjunto de ensayos sobre unas cuantas películas del género, en los que el autor, tras resumir la película con cierto detalle, ofrece su opinión sobre la ideología subyacente. El lector puede verse frustrado, bien porque no se trata de un libro sobre la filosofía de «la» ciencia ficción, bien porque solo toma en consideración películas mainstream (y no libros, cómics o películas menos populares), o también —y este es mi caso— porque el libro no trata en absoluto sobre filosofía.

Hay, por tanto, un serio desajuste entre lo que promete el título y lo que el libro ofrece, y es conveniente comenzar reseñándolo para que el lector quede avisado. Justificaré muy brevemente por qué sostengo que el libro no trata sobre filosofía, y después me centraré en comentar la obra en cuanto lo que es, sin incidir más en el desajuste entre título y contenido.

En filosofía desempeñan un papel muy importante los llamados «experimentos mentales». Por ejemplo, en cuestiones de identidad personal, uno puede pensar en escenarios hipotéticos en los que una persona entra en una máquina duplicadora de la que salen dos individuos idénticos que comparten memoria, carácter y aficiones. Para decidir qué sabemos y qué no, resulta interesante pensar si es coherente un escenario en el que un «genio maligno» está engañándonos sistemáticamente. Y para decidir si lo bueno se identifica con lo útil, es conveniente imaginar escenarios en los que se sacrifica la vida de un solo individuo inocente a cambio de una mejora en el bienestar de todos los demás.

Existen numerosas obras de ciencia ficción que desarrollan estos experimentos mentales dotándolos de un detalle que no se alcanza en los ensayos filosóficos y que resulta muy iluminador. Al desarrollar en una historia un escenario hipotético, descubrimos cosas que no esperábamos acerca de nociones que desde siempre han interesado a los filósofos: qué es una persona, qué es la realidad y el conocimiento, qué es bueno, en los ejemplos anteriores. Cuando digo que el libro de Luis Miguel Ariza no trata sobre filosofía, quiero decir que, cuando habla de The Matrix, por ejemplo,no menciona el mito de la caverna de Platón o el genio maligno de Descartes, ni hace comentario alguno sobre lo que nos muestra o nos hace pensar la película sobre la realidad, la identidad personal o, por poner otro caso, el estatuto ético de individuos inteligentes que no pertenecen a nuestra especie. Todo cuanto Ariza dice sobre The Matrix es que es una película conservadora; es decir, habla sobre la ideología, no sobre la filosofía de —o relacionada con— la película.

Dicho esto, tomemos el libro por lo que es: una colección de ensayos sobre varias películas que el autor encuentra interesante comentar desde un punto de vista ideológico. Visto así, el libro resulta fácil de leer. La mayor parte de las películas están bien contadas, especialmente algunas (por ejemplo, Origen, 2001 y Gattaca), aunque en otras ocasiones la exposición es algo escasa. Los ensayos incluyen algunos lances y otros comentarios sobre la verosimilitud de algunas escenas, las razones por las que la película tuvo éxito de público pero no de crítica, etcétera. Por lo general, el libro no entra en demasiadas profundidades. Todo es tratado con un tono muy ligero, y se desconoce la razón de ser del menú de películas que se le ofrecen al lector. (Dado que el interés del autor es hacer una crítica de la ideología subyacente a un conjunto de películas, no habría estado de más organizar la exposición en torno a ese eje e incluir una introducción general al tema de las ideologías que suelen reflejar las películas de ciencia ficción.)

Una vez concedido que se trata de un conjunto de ensayos de consumo fácil que no responden a lo que anuncia el título, el mayor problema que le veo al libro es la ligereza, no de escritura, sino de actitud, con la que el autor se enfrenta a la cuestión de la ideología de las películas. Cuando llega el momento de desvelar de qué pie ideológico cojea un determinado filme, Ariza recurre a simplificaciones de trazo grueso. Si en una película se puede entresacar un subtexto de desconfianza hacia la ciencia y el Estado, entonces la película es calificada de conservadora (aunque no siempre: E.T., por algún motivo, constituye una excepción). Si, como en La guerra de las galaxias, además los «buenos» tienen poderes mágicos, entonces se nos dice que la película defiende el irracionalismo y que por tanto es extremadamente conservadora. En contraste, cuando los «buenos» son científicos, la película es ipso facto progresista.

Terminator es calificada de antifeminista y antiabortista porque la máquina enviada desde el futuro quiere matar a la madre del líder rebelde para que este no nazca. X-Men también cae en el lado del conservadurismo, aunque no tanto, por pintar al científico como un individuo peligroso (a propósito, sobran las calificaciones referidas al personaje). Aunque también se nos dice: «Trask [el científico] es un conservador nato, característica que añade una nota de conservadurismo al film» (pág. 178). El lector tal vez se quede pensando cómo puede ser conservadora una película en la que el «malo» es un «conservador nato». En principio, una película en la que un conservador hace el papel de antagonista será una película con un mensaje progresista. ¿Es suficiente con que el antagonista sea también científico para que el mensaje se convierta en conservador?

Los criterios que usa Ariza para etiquetar las películas como conservadoras o progresistas no son estables a lo largo del libro. Tampoco, por cierto, lo es su noción de ciencia, que normalmente, pero no siempre (véase el ensayo sobre Independence Day), incluye a la tecnología. Volviendo a la dicotomía conservador-progresista, normalmente la desconfianza hacia el Estado es calificada de conservadora, pero no lo es siempre. El único criterio que se mantiene firme, salvo en E.T., es el del papel que se le hace desempeñar a los científicos en la película. Pero ¿es esto razonable?

Ariza en ningún momento explica por qué elige los criterios que elige; supongo que le parecen obvios. A mí, sin embargo, me resulta todo menos obvio que una película en la que aparecen científicos entregados a las malas artes sea una película conservadora. Creo que Ariza establece una identificación poco matizada de la ciencia-tecnología actual con lo mejor del ideal de la Ilustración. No habría estado de más que hubiera dedicado algo de tiempo a justificar este y otros puntos de vista. También podría haber explicado por qué la ciencia ficción (frente a, por ejemplo, la fantasía) es ideológicamente interesante. Es lícito optar por escribir un libro ligero; pero, cuando se trata de criticar y expresar ideología, creo que resulta obligado ser algo más cuidadoso.

Como conclusión, no recomiendo el libro a quien esté interesado en filosofía ni a un conocedor de la ciencia ficción. La obra puede estar bien para quienes sientan curiosidad por saber algo del cine de ciencia ficción más popular del último medio siglo. Sin embargo, a ese lector le recomendaría que no hiciera caso de lo que afirma el autor sobre la ideología de las películas. No tanto porque tenga o deje de tener razón, sino porque no justifica sus calificaciones.

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.