Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Agosto de 1998
Cosmología

Una nueva mirada a los cuásares

Las observaciones recientes del Telescopio Espacial Hubble podrían revelar la naturaleza y el origen de los cuásares, misteriosos generadores de energía del cosmos.
Los cuásares son los objetos más luminosos del universo. Emiten cientos de veces la radiación de una galaxia gigante, nuestra Vía Láctea por ejemplo, que brilla como diez mil millones de soles. Pero en términos astrofísicos son objetos diminutos, con un diámetro de escasos días luz, en comparación con las decenas de miles de años luz que posee el de una galaxia típica. ¿Cómo pueden los cuásares generar tanta energía con semejante volumen? ¿En qué consisten? ¿Obedecen las leyes de la física? En busca de una respuesta, los astrónomos apuntan sus instrumentos más potentes --en particular el Telescopio Espacial Hubble-- hacia esas "superestrellas" celestes.
El primer cuásar se descubrió en 1962. Cyril Hazard, un joven astrónomo de la Universidad de Sydney, se hallaba investigando una poderosa fuente de radioondas situada en la constelación de Virgo. No lograba determinar el punto exacto de la fuente porque los radiotelescopios de la época carecían de suficiente precisión; ello no le impidió caer en la cuenta de que la Luna, a su paso por Virgo, ocultaría aquel objeto desconocido. Con John Bolton, director de un radiotelescopio recién construido en Parkes, dirigieron la parabólica gigante hacia la fuente de la radioemisión y esperaron a que se produjera la ocultación lunar. Si lograban cronometrar la desaparición y reaparición de la señal, determinarían con precisión la radiofuente y la identificarían con un objeto visible del cielo. Para su desgracia, cuando salió la Luna la parabólica gigante estaba ya tan inclinada que se acercaba a su parada de seguridad. Imperturbable ante el riesgo, Bolton desactivó los topes, y el telescopio siguió la trayectoria descendente de la ocultación; al final el borde de la parabólica casi rozaba la Tierra.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.