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1 de Junio de 2019
Historia de la ciencia

Las revoluciones de Lavoisier

Del Traité élémentaire de chimie a la guillotina.

los recaudadores generales ante el tribunal revolucionario, el 8 de mayo de 1794. [LE SCIENZE]

En un libro que es ya un clásico de la historia y metodología de la ciencia, La estructura de las revoluciones científicas (1962), el físico reconvertido en historiador de la ciencia Thomas S. Kuhn explicó que antes de que proliferaran, a comienzos del siglo XIX, los libros de texto científicos en los que se exponían los cuerpos de las teorías aceptadas, «muchos de los libros clásicos famosos de la ciencia desempeñaban una función similar. La Física de Aristóteles, el Almagesto de Ptolomeo, los Principia y la Óptica de Newton, la Electricidad de Franklin, la Química de Lavoisier y la Geología de Lyell, estas y muchas otras obras sirvieron implícitamente, durante cierto tiempo, para definir los problemas y métodos legítimos de un campo de investigación para generaciones sucesivas de estudiantes».

Todas esas obras —salvo, si acaso, la de Franklin— influyeron poderosamente en las ciencias a las que estaban dedicadas. Pero una de ellas posee el añadido especial del momento en el que se publicó y del destino que aquel mundo político produjo en su autor, el químico Antoine Laurent de Lavoisier (1743-1794), «el Newton de la química», el «padre» de la química moderna. El título completo de ese libro es Traité élémentaire de chimie, presenté dans un ordre nouveau et d’après les decouvertes modernes («Tratado elemental de química, presentado en un orden nuevo según los descubrimientos modernos») y vio la luz, en París, en 1789, el mismo año en que se inició la Revolución francesa.

Antoine Laurent de Lavoisier

La manipulación de elementos y compuestos químicos tiene una larga historia. En este sentido, la química posee raíces lejanas en el tiempo. En cambio, no ocurre lo mismo en lo que se refiere a disponer de un sistema teórico organizado y eficaz, pues esto no llegó hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Resulta ilustrativa la entrada dedicada a la «química» en el tomo III, publicado en 1753, de la Encyclopédie ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, dirigida por Diderot y D’Alembert, de la que fue responsable el médico, farmacéutico y químico francés Gabriel François Venel (1723-1775): «Está claro que la revolución que situará a la química en el rango que merece, que la pondrá al menos al lado de la física, que esta revolución, digo [Venel], no puede ser producida más que por un químico hábil, entusiasta y atrevido que, encontrándose en una situación favorable y aprovechándose hábilmente de algunas circunstancias felices, sepa despertar la atención de los sabios, primero con una ostentación brillante, con un tono decidido y afirmativo, y después con argumentos si sus primeras armas hubieran atacado algún prejuicio».

Los deseos de Venel no tardarían en cumplirse: Antoine Laurent de Lavoisier, que entonces contaba solo diez años, se llamaría ese químico «hábil, entusiasta y atrevido».

Hijo de un próspero abogado de París, Lavoisier estudió derecho, aunque terminó brillando en la ciencia. Sin embargo, no descuidó asuntos más mundanos: fue accionista de la FermeGénérale, una institución privada en la que la corona francesa había delegado la recaudación de impuestos. Lo que hizo para entrar en ella fue comprar un tercio de una participación. En calidad de férmier (recaudador), Lavoisier estaba obligado a realizar giras de inspección e informar de sus observaciones a los directores de la compañía, férmiers más veteranos como Jacques Paulze, con cuya hija Marie-Anne Pierrette Paulze (1758-1836) se casó en 1771, el mismo año que Lavoisier incrementó su participación en la Ferme: con una inversión de 780.000 francos —una fortuna— adquirió la mitad de una participación.

Como buen ilustrado, Lavoisier no fue ajeno a la actividad pública. En 1775 fue nombrado uno de los cuatro directores de la Real Fábrica de Pólvoras (Régie des Poudres), la institución estatal encargada de la producción de pólvoras y salitres, puesto que mantuvo hasta 1791; en 1787 fue elegido representante del Tercer Estado en la Asamblea Provincial de Orleans, y en 1789, diputado suplente por la nobleza de Bois en los Estados Generales y miembro de la Comuna de París.

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