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Una vacuna para el tigre

Una estrategia heterodoxa ayudaría a los amenazados tigres del Amur.

Tigre del Amur. [JEANNETTE RUDLOFF ZONAR GmbH Y ALAMY STOCK]

En 2003, una joven tigresa del Amur aparentemente desorientada se adentró en un pueblo ruso fronterizo con China. Científicos de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés), de EE.UU., la anestesiaron y averiguaron que padecía moquillo canino: el primer caso confirmado en un tigre salvaje. La tigresa murió seis semanas después.

Desde entonces, esta infección vírica intratable que infecta a carnívoros de todo tipo se ha propagado entre los tigres del Amur por todo el área de distribución de esta subespecie en el extremo oriente de Rusia. Ahora, un nuevo análisis exhaustivo indica que, de seguir su curso, el virus del moquillo canino podría exterminar una población clave de este felino amenazado. Sin embargo, dicho riesgo podría paliarse vacunando a los tigres, según los autores.

«Hemos averiguado que el moquillo puede afectar notablemente a las poblaciones silvestres de tigre, en especial a las pequeñas», afirma Martin Gilbert, veterinario de fauna y epidemiólogo en la Universidad Cornell y autor principal del estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences USA. Añade que las poblaciones reducidas de otras especies vulnerables también podrían correr peligro.

Con el objetivo de predecir los efectos del moquillo a largo plazo, el equipo simuló la dinámica de la enfermedad en las dos mayores poblaciones del felino en la región, de medio millar y una treintena de individuos, respectivamente. Así se comprobó que, en el próximo medio siglo, el moquillo agrava un 65 por ciento el riesgo de extinción de la población más pequeña, que por su ubicación es esencial para repoblar el noreste de China.

Al comparar las secuencias genéticas del virus en diversas especies infectadas, los investigadores también descubrieron que los tigres contraen principalmente el moquillo de otros animales silvestres, por lo que no bastaría con vacunar a los perros domésticos, que suelen considerarse el principal reservorio de la enfermedad. Si cada año se vacunase solo a dos tigres de la población más pequeña aprovechando las labores habituales de seguimiento, se reduciría un 75 por ciento el riesgo de extinción del grupo.

«Sin duda alguna, la vacunación contra el moquillo ayudaría a las pequeñas poblaciones aisladas y amenazadas de este gran felino, como las descritas en el extremo oriente de Rusia», asegura Ed Ramsay, catedrático emérito de medicina animal en la Universidad de Tennessee, que no ha participado en la investigación. «Los estudios indican que las vacunas son seguras, y la experiencia con los leones asiáticos de la India demuestra que incluso un programa de vacunación incompleto evitaría muertes.»

A pesar de todo, podría ser difícil obtener el apoyo necesario. «La vacunación sigue suscitando serias dudas entre los gestores de fauna como herramienta de conservación», afirma Sarah Cleaveland, veterinaria y epidemióloga comparada de la Universidad de Glasgow y una de las firmantes del estudio. «Esperamos que nuestra investigación aclare algunos problemas que envuelven las incertidumbres científicas, pues, como ocurre con la desconfianza que generan las vacunas en la salud humana, también existe desinformación y bastantes temores injustificados sobre los riesgos que la vacunación entraña para la fauna.»

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