Las tensiones del nacimiento

El esfuerzo propio del recorrido del canal de nacimiento no perjudica a la mayoría de los bebés. De hecho, la afluencia de hormonas "de tensión" que desencadena el parto parece favorecer la supervivencia del recién nacido.

A primera vista, el nacimiento no deja de constituir una terrible y peligrosa prueba. El feto humano tarda varias horas en su avance por el estrecho canal de nacimiento, durante las cuales la cabeza soporta una presión considerable y el bebé se ve privado de oxígeno de forma intermitente (debido a la compresión que sufren la placenta y el cordón umbilical en cada contracción uterina). Abandona luego un medio cálido, oscuro y protegido para encontrarse en una fría y luminosa sala de hospital, donde un ser enorme le sostiene cabeza abajo y a menudo le propina unos azotes en el trasero. Además, durante los esfuerzos del nacimiento —especialmente debidos a la hipoxia (privación de oxígeno) y a la presión que se ejerce sobre la cabeza—, el feto suele presentar elevados niveles de hormonas «de tensión», adrenalina y noradrenalina, superiores a los que se registran, por ejemplo, en una mujer que da a luz o en una persona que sufre un ataque cardiaco. La adrenalina y la noradrenalina, representantes principales de la especie química de las catecolaminas, disponen al cuerpo para luchar o huir ante la percepción de cualquier amenaza contra la supervivencia (una tensión); la presencia de elevadas concentraciones de esas hormonas indica, por lo común, que el organismo se encuentra en peligro.

A pesar de las apariencias, las tensiones de un parto normal no suelen resultar perjudiciales. Las pruebas reunidas por nosotros y otros investigadores durante las dos últimas décadas señalan que el feto se encuentra bien dotado para hacer frente a dicha tensión, incluso en las primeras etapas de la gestación; de hecho, son las catecolaminas las que aportan gran parte de la protección en situaciones tan adversas como la hipoxia. Más aún, resulta importante atravesar las circunstancias que provocan la producción de hormonas de tensión. La consiguiente afluencia de hormonas prepara al bebé para sobrevivir fuera del útero materno. Despeja los pulmones y modifica sus características fisiológicas, facilitándole una respiración normal, moviliza combustible de aprovechamiento inmediato para alimento de las células, garantiza el aporte adecuado de sangre al corazón y al cerebro y quizás estimula la vinculación afectiva entre madre e hijo.

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