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Actualidad científica

  • 20/02/2018 - Geofísica

    Coros y auroras (con un vídeo)

    Una teoría explicaba un tipo de auroras boreales y australes que presentan características periódicas. Un satélite artificial japonés ha comprobado que es correcta. Un vídeo creado por los científicos del proyecto exhibe representaciones de los «sonidos» de las ondas electromagnéticas, conocidas como «coro» o «estribillo», que intervienen en el fenómeno y de las trayectorias de los electrones generadores de esas auroras.

  • 20/02/2018 - Párkinson

    ¿El ion calcio favorece el desarrollo de la enfermedad de Parkinson?

    El catión, además de modular la interacción entre las vesículas sinápticas y la alfa-sinucleína, podría promover la agregación de esta proteína.

  • 19/02/2018 - Materiales

    Las fibras de seda pueden confinar la luz

    El hallazgo promete aplicaciones en ingeniería, biomedicina y el diseño de metamateriales.

  • 18/02/2018 - Seguridad nuclear

    De Mayak al Gran Sasso. Una explicación para una nube radiactiva

    En el otoño de 2017 los aparatos de medida lo captaron por toda Europa: una nube radioactiva se había extendido por el continente hacia el oeste desde los Urales. Ahora hay una posible explicación.

  • 16/02/2018 - Epidemias

    Un ingrediente común en los dentífricos podría ayudar a combatir la malaria

    Se descubre que el triclosán, presente en varias pastas de dientes, altera el ciclo biológico del parásito responsable de la enfermedad. El hallazgo ha sido realizado por un robot inteligente.

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  • Investigación y Ciencia
  • Septiembre 1993Nº 204

Metrología

La medición exacta del tiempo

Relojes cada vez más exactos —que no varían en más de un segundo en millones de años— permiten contrastaciones muy refinadas de la relatividad y mejores sistemas de navegación.

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Poca gente se queja de la exactitud de los relojes actuales. Los de cristal de cuarzo más corrientes sólo ganan o pierden alrededor de un segundo por semana, cantidad insignificante en la experiencia cotidiana. Donde la exigencia es mayor —en las comunicaciones con vehículos interplanetarios, en el seguimiento de buques y aviones mediante satélites—, se recurre a relojes atómicos que en un millón de años apenas si marrarían más de un segundo. Podría pensarse que no queda mucho por mejorar en los relojes e incluso que no se necesitan otros más exactos. Sin embargo, en numerosas tareas científicas y técnicas hace falta toda la precisión que los mejores relojes puedan proporcionar e incluso más. Por ejemplo, algunos púlsares (estrellas que emiten brotes periódicos de radiación electromagnética) son en algunos aspectos más estables que los relojes actuales, lo que dificulta su estudio. La contrastación meticulosa de la relatividad y de otros conceptos físicos fundamentales requiere sistemas de medición del tiempo todavía más exactos. Es muy probable que lleguen a construirse tales relojes, pues nuevas técnicas, basadas en el confinamiento y enfriamiento de átomos e iones, justifican la confianza de que podrían llegar a ser mil veces más precisos que los actuales. Es posible que, como ya ha sucedido otras veces, los futuros instrumentos muestren que lo que ahora se considera constante e inmutable es, a escala más fina, dinámico y cambiante. Los relojes de sol, de agua y de péndulo del pasado bastaban para dividir el día en horas, minutos y segundos, pero no para detectar las variaciones de la rotación y la revolución terrestres.

La exactitud de un reloj depende de la regularidad de alguna clase de movimiento periódico. Los viejos relojes utilizaban el movimiento de vaivén de un péndulo; su varilla se acoplaba a una pieza llamada escape, que se incrustaba en las muescas de una rueda dentada de tal manera que ésta sólo pudiese girar en un sentido; la rueda transmitía el movimiento a las manecillas del reloj, generalmente por medio de una serie de engranajes adicionales. La investigación encaminada a mejorar los relojes busca, en la mayor parte de los casos, descubrir sistemas cuyas oscilaciones sean lo más estables posible.

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