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1 de Octubre de 2014
Paleoantropología

Cincuenta años de Homo habilis

El descubrimiento del «hombre hábil», en abril de 1964, desató un debate sobre la evolución humana que todavía hoy continúa.

Paranthropus boisei. El «Cascanueces», dotado de una mandíbula grande distintiva, es diferente a Australopithecus y a Homo. Fósil descubierto en 1959. [Wikimedia Commons, Dominio público]

Hace medio siglo, el paleoantropólogo Louis Leakey y sus colaboradores plantearon una hipótesis polémica. Propusieron que un conjunto de fósiles hallados en el valle del Rift, en Tanzania, correspondían a una nueva especie de nuestro género. El anuncio de Homo habilis significó un giro importante en el campo de la paleoantropología. La búsqueda de los primeros humanos cambió de Asia a África y se inició un debate que perdura hasta nuestros días. Incluso con todo el registro fósil y las técnicas analíticas de los últimos cincuenta años, no hemos podido alcanzar una hipótesis convincente sobre el origen de Homo.

En 1960, la rama del árbol de la vida a la que pertenecen los homininos (los humanos actuales, sus antepasados y otras especies más próximas a los humanos que a los chimpancés y bonobos) parecía bastante sencilla. En la base se situaba Australopithecus, un mono-humano que los paleoantropólogos han venido recuperando en el sur de África desde los años veinte del siglo XX. Se pensaba que este ancestro había sido sustituido por el Homo erectus de Asia, más alto y dotado de un cerebro más voluminoso. Este se habría extendido hacia Europa para dar lugar a los neandertales, que a su vez se convertirían en Homo sapiens. Pero ¿qué había entre los australopitecinos y H. erectus? ¿Cómo era el primer humano?

Apuesta por África
Hasta los años sesenta, solo se habían encontrado fósiles de H. erectus en Asia. Pero tras recuperar instrumentos de piedra muy primitivos en la garganta de Olduvai, en Tanzania, Leakey estaba convencido de que hallaría ahí al primer fabricante de herramientas líticas, el cual suponía que pertenecería a nuestro género. Al igual que los australopitecinos, quizá nuestros antepasados humanos también se habrían originado en África. En 1931, Leakey empezó a prospectar y excavar sistemáticamente en la garganta de Olduvai, 33 años antes de que anunciara el descubrimiento de la nueva especie humana.

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