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  • Octubre 2014Nº 457

Ciberseguridad

El buen uso de los macrodatos

Un plan en tres pasos para evitar el abuso de los datos en una era caracterizada por la extralimitación de los Gobiernos.

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Durante los primeros años de existencia, la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA, por sus siglas en inglés) consistía en un discreto departamento con un único objetivo: tener vigilada a la Unión Soviética. Su enemigo estaba claro. Las herramientas principales para llevar a cabo el trabajo eran teléfonos pinchados, aviones espía y micrófonos ocultos.

Tras los ataques del 11 de septiembre todo ha cambiado. Los enemigos de la NSA han pasado a ser una difusa red de individuos. De repente cualquiera es un objetivo legítimo del espionaje. La naturaleza del espionaje ha cambiado al evolucionar los canales digitales de comunicación. La agencia de seguridad no parece suficiente.

Como respuesta, la NSA adoptó una nueva estrategia: recopilar toda la información posible. Tal y como dijo en una ocasión su exdirector, Keith Alexander, cuando estás buscando una aguja en un pajar, necesitas buscar en todo el pajar. Empezaron a recoger información sobre las llamadas de todas las personas de Estados Unidos; algo más tarde, estaban acopiando información sobre el tráfico de Internet de prácticamente cualquier persona no estadounidense. Sin darse cuenta la NSA estaba recopilando una cantidad de información equivalente al censo estadounidense cada dos horas.

El lugar natural para almacenar ese inmenso nuevo pajar es el mismo donde han acumulado otros datos hasta ahora: en sus instalaciones. Pero tal concentración de datos tiene sus peligros. Los datos personales de prácticamente cualquier ciudadano del mundo estaban de repente a un golpe de tecla de cualquier analista de la NSA. Esto también hacía a la agencia más vulnerable que nunca a las filtraciones. Indignado por el alcance de esa recopilación secreta de información, el analista Edward Snowden descargó miles de archivos de un servidor localizado en Hawái, se montó en un avión a Hong Kong y entregó los documentos a la prensa.

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