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1 de Septiembre de 2013
Química

Diez cuestiones clave sobre el hielo y la nieve

La comprensión del comportamiento molecular del agua congelada resulta fundamental para pronosticar el futuro de nuestro planeta.

WIKIMEDIA COMMONS/LUCA GALUZZI/CC BY-SA 2.5

El hielo constituye un elemento esencial para el clima, la geología y la vida. Comprender su comportamiento resulta básico para poder predecir el futuro de nuestro planeta y esclarecer el origen de la vida. Cubre planetas, lunas y cometas en nuestro sistema solar. En la Tierra, las capas de hielo polar blanco reflejan hasta el 90 por ciento de la radiación procedente del Sol. Una media del 7 por ciento de la superficie oceánica se encuentra congelada; el hielo marino altera las corrientes oceánicas y restringe el intercambio de gases con el agua. El hielo y la nieve recubren de forma permanente el 10 por ciento de la superficie continental y llegan a tapizar la mitad del hemisferio norte a mediados del invierno. Dichas capas de agua congelada aíslan el suelo y los océanos.

En las nubes de hielo se concentran las sustancias transportadas por el aire y tienen lugar procesos químicos atmosféricos. En el interior de las nubes de granos de hielo situadas por encima de los polos se producen reacciones que agotan el ozono. En consecuencia, se forman agujeros en la capa estratosférica de ozono a latitudes elevadas que exponen a millones de personas a una mayor cantidad de radiación ultravioleta. Las reacciones químicas que tienen lugar en la nieve superficial pueden producir ozono y otros contaminantes ambientales. En la nieve se acumulan toxinas orgánicas y mercurio, que, tras la fusión de esta, se vierten en ríos y océanos, incorporándose a la cadena trófica.

Sin embargo, los mecanismos moleculares que subyacen bajo tales procesos continúan suponiendo, en gran parte, una incógnita. La falta de mayores conocimientos sobre el modo en que se producen las reacciones químicas en el hielo y la nieve, y en qué regiones del grano y la estructura cristalina tienen lugar imposibilita la construcción de módulos de nieve o nubes de hielo para la elaboración de modelos atmosféricos y climáticos o la extrapolación de los estudios de laboratorio a condiciones reales.

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