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1 de Septiembre de 2013
Medicina

Ver por primera vez

La cirugía dota de visión a niños ciegos de la India y revela los mecanismos cerebrales de este sentido.

EILEEN HOHMUTH-LEMONICK

En síntesis

La India posee una de las poblaciones más numerosas de niños ciegos, en torno a 400.000. Muchos de ellos no reciben educación y las niñas se convierten a menudo en víctimas de abusos físicos y sexuales.

Como neurocientífico, el autor decidió ayudar a ver a niños y jóvenes adultos afectados por cataratas, a una edad en la que se consideraba imposible el desarrollo de la visión.

La cirugía resultó a menudo efectiva, incluso en algunos pacientes con más de 20 años de edad. También permitió ahondar en el funcionamiento del sistema visual.

Cerca de la puerta de nuestra casa en Nueva Delhi mi madre solía guardar monedas en un pequeño cuenco de cristal azul. Cuando salía, tomaba unas cuantas para dar limosna a los pobres con que se encontraba inevitablemente en las calles de la ciudad. Dado lo rápido que uno se insensibiliza ante la abundante miseria humana que hay en la India, siempre me impresionó su inquebrantable fidelidad a este ritual.

Nadie usó el cuenco durante los meses que mi madre luchaba contra el cáncer. Cuando volví a la India en 2002, un año después de su muerte, me di cuenta de que era una de las pocas pertenencias de ella que mi padre había guardado. En aquel momento no fui consciente de cómo aquello iba a cambiar mi vida.

Una tarde de invierno durante mi visita, cuando salía de casa para ver a un amigo, tomé unas cuantas monedas del cuenco y las introduje en mi bolsillo. Hacía un frío terrible, por lo que me alegré de encontrar un taxi cuyas ventanillas se cerraban del todo, algo no siempre fácil en Nueva Delhi. Después de unos minutos, el taxi se paró en un cruce. De modo sorprendente, había muy poco tráfico y pude ver una pequeña familia acurrucada a un lado de la carretera. Saqué las monedas, bajé la ventanilla y les hice una señal.

Se dirigieron lentamente hacia mí, con los dos niños agarrados al sari de la mujer. Resultaba desgarrador ver a los menores descalzos y desnutridos vestidos con trapos de algodón. Y lo que agravó aún más mi malestar, me di cuenta de que los niños, de unos seis o siete años de edad, eran además ciegos. Mientras la familia temblaba a la intemperie, pude ver las cataratas en los ojos de los pequeños. Me sorprendió mucho, porque hasta entonces solo había visto cataratas en gente mayor. El semáforo se puso verde. Deposité las monedas en la mano de la madre y vi desaparecer a la familia mientras el taxi se alejaba. Las caras de los niños me persiguieron durante varios días. Traté de informarme tanto como pude sobre la ceguera infantil en la India. Lo que leí fue impactante.

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