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  • Junio 2012Nº 429
Apuntes

Ingeniería

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Empezando por la cola

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La ciencia ficción a menudo imagina mundos poblados por robots humanoides. En realidad, los insectos, reptiles y otros animales suelen constituir un ejemplo más práctico para los autómatas: cuantas más patas tiene un robot, más fácilmente puede desplazarse por terrenos abruptos; las zarpas son más fáciles de imitar que las manos de los primates, y las colas constituyen un mecanismo de estabilización muy versátil.

La parte trasera del cuerpo de las serpientes, hormigas o incluso saltamontes ha servido como inspiración para diversos expertos en robótica. Robert J. Full, de la Universidad de California en Berkeley, y sus colaboradores se han centrado en el lagarto agama común de África. Su trabajo, publicado en el número del 12 de enero de la revista Nature, describe cómo el estudio de la forma en la que estos reptiles saltan sobre superficies resbaladizas ha permitido mejorar el diseño robótico.
La grabación en vídeo de alta velocidad de escenas de movimiento reveló que el lagarto agama, al saltar desde un bloque plano y rectangular hasta una superficie vertical, alza su cola para contrarrestar la falta de agarre en esa superficie resbaladiza. Cuando el bloque se cubría con papel de lija, el lagarto necesitaba menor estabilización y mantenía su cola encogida durante el salto.

Los científicos aplicaron la táctica de la elevación de la cola de los lagartos a un pequeño vehículo robótico con cuatro ruedas apodado Tailbot («robot con cola»). Fijaron una cola estabilizadora en la parte trasera del vehículo y evaluaron su habilidad para ascender por una rampa. Observaron que, cuando el Tailbot mantenía la cola bajada, su morro se hundía en el momento de abandonar la rampa. En cambio, cuando la izaba como el lagarto agama, saltaba la rampa y era capaz de aterrizar sobre sus ruedas en una posición más equilibrada. Full y sus estudiantes investigan ahora el papel que desempeña la cola en el control del alabeo (y del cabeceo y la guiñada) durante la circulación.

Esos son tan solo los últimos logros fruto de la fascinación de Full por los robots inspirados en lagartos. El robot Stickybot, una colaboración mecánica con la Universidad Stanford en 2006 que podía subir por superficies lisas, como las ventanas, mediante un adhesivo, se diseñó imitando la estructura de filamentos microscópicos descubiertos en las patas de las salamanquesas.

Otros ejemplos de máquinas biomiméticas incluyen el sistema de soporte de la legión de piernas (LS3, por sus siglas en inglés) de Boston Dynamics, que recuerda a una mula de carga sin cabeza, y un robot similar a un gusano que está siendo desarrollado por la Universidad Harvard.

Esos modelos no humanos permiten a los ingenieros mejorar el diseño robótico pieza a pieza, detectando problemas específicos y aprendiendo de la forma en que los animales los resuelven.

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