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Las guerras del calentamiento global

El Ejército estadounidense ya ha comenzado a tomar medidas para evitar que las sequías y la fusión del Ártico no deriven en conflictos que comprometan la seguridad nacional.

THE VOORHES

En síntesis

El cambio climático está acelerando la inestabilidad en algunas regiones y multiplicando las amenazas en otras. El Ejército estadounidense está tomando medidas para prevenir las consecuencias que pondrían en riesgo los intereses de EE.UU.

En África, intenta paliar los conflictos desatados por la gran sequía y la pérdida de tierras agrícolas. En la región asiática del Pacífico, ayuda a las naciones pequeñas a recuperarse de los graves temporales para que puedan mantenerse firmes ante la actitud provocadora de China. En el Ártico está promoviendo leyes internacionales que limiten la reclamación por parte de Rusia de los recursos y de las rutas marítimas.

Aún no se sabe si el Ejército invertirá suficiente dinero para apoyar tales medidas. Y un presidente republicano que ponga en duda el cambio climático podría poner fin al respaldo.

Demócratas y republicanos no suelen ir de la mano en materia de cambio climático, por lo que el Ejército estadounidense ha decidido no aguardar a que zanjen sus diferencias para adoptar medidas ante un planeta más cálido que ya ha comenzado a alterar las relaciones geopolíticas y podría derivar en conflictos armados.

El Departamento de Defensa de EE.UU. distingue dos tipos de amenaza: una directa, que pone en peligro sus infraestructuras (basta pensar en las bases navales expuestas al ascenso del nivel del mar) y otra indirecta, que se cierne sobre todo el mundo en caso de desestabilización social. Afrontar el primer peligro es fácil: se trata de identificar las vulnerabilidades y reforzar las infraestructuras o retirarlas de la zona de riesgo.

La segunda amenaza, en cambio, no es tan sencilla. La suma complejidad de la meteorología y de los Gobiernos y las sociedades dificulta la predicción de las reacciones de cada uno de ellos al alza de las temperaturas. Con todo, algunos expertos han hallado ciertas relaciones: un trabajo publicado en 2015 en Proceedings of the National Academy of Science USA observó que el cambio climático había inflamado la guerra civil de Siria al haber causado una sequía más pertinaz de lo habitual en la región. Ello, sumado a la negativa del Gobierno a compensar las cosechas fallidas y los rebaños muertos, hizo que cientos de miles de ciudadanos migraran desde el campo hasta las ciudades como Alepo y Al Raqa. A las protestas desatadas en el país a inicios de 2011 se unió mucha gente desesperada que guardaba un gran rencor hacia la clase gobernante. Los tumultos dieron paso a la guerra fratricida en el momento en que el Gobierno comenzó a disparar contra los manifestantes en un conflicto que ha permitido que el autoproclamado Estado Islámico de Irak y Siria se alce en armas y aterrorice al mundo.

El Ejército de EE.UU. no achaca al cambio climático el papel de detonante directo de los conflictos bélicos, pero sí lo califica como un «acelerador de la inestabilidad» o un «multiplicador de amenazas». Tales fórmulas aparecen en el Informe Cuatrienal de Defensa del departamento, su principal documento de planificación para los próximos cuatro años. También se indican al inicio de su Hoja de Ruta de Adaptación al Cambio Climático de 2014, un análisis estratégico sobre cómo comenzar a afrontar las amenazas climáticas.

El pasado enero, el departamento publicó una directiva según la cual los dirigentes deben evaluar y planificar los riesgos derivados del cambio climático. Se prevé que la asistencia humanitaria y la respuesta a los desastres, antaño esporádicas, formen parte de casi todos los despliegues, dado el notable auge que las catástrofes naturales están experimentando en todo el planeta.

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