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  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 2016Nº 479

Astrofísica

Supernovas extrañas

Cada año, miles de estrellas explotan en una desconcertante variedad de formas. Los astrónomos quieren saber qué las hace estallar.

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Cada segundo, una catástrofe estelar destruye un sol en algún lugar del universo observable. Sucede cuando una estrella pulsa, choca, se convierte en un agujero negro o explota en forma de supernova. Este aspecto dinámico del universo, oculto tras la aparente calma del cielo nocturno, ha pasado hace poco a ocupar un lugar prominente en la investigación astronómica. Durante casi un siglo, hemos intentado averiguar lo ocurrido durante miles de millones de años de evolución cósmica. Sin embargo, solo en fecha reciente hemos empezado a analizar los acontecimientos celestes en una escala temporal de días y horas. Gracias a ello, estamos asistiendo a la inestable vida y explosiva muerte de numerosas estrellas.

Aunque hasta ahora nos faltaban las herramientas para estudiar en detalle estos fenómenos, las pruebas de la transitoriedad del universo existen desde hace tiempo: al menos, desde el año1006, fecha en que astrónomos chinos observaron una «estrella invitada» que se hizo perceptible a simple vista durante unas semanas para luego desaparecer. Tycho Brahe registró un evento similar en 1572, al igual que hiciera Johannes Kepler unos treinta años más tarde. Hoy sabemos que aquellas apariciones fueron explosiones de supernova. En su pico de intensidad, estos estallidos estelares pueden brillar más que mil millones de soles. Pero, dado que la mayoría se encuentran a enormes distancias, las vemos como tenues puntos de luz que pueden pasar fácilmente inadvertidos en la inmensidad del cielo.

La tecnología moderna está revolucionando el estudio del universo dinámico. Hoy los telescopios son robóticos y están equipados con cámaras digitales de alta resolución que envían sus datos a programas de procesamiento de imágenes y reconocimiento de patrones. Los aparatos observan regularmente grandes franjas del cielo, con su mirada digital atenta a lo que acecha en la noche. A lo largo de los últimos diez años, estos nuevos medios nos han permitido descubrir miles de explosiones estelares al año: cada semana encontramos tantas nuevas supernovas como todas las que se vieron en el siglo XX.

Pero no solo estamos coleccionando más supernovas; también estamos descubriendo nuevas clases de explosiones estelares. Algunas son sumamente brillantes, 100 veces más que las supernovas corrientes, pero otras son 100 veces más tenues. Las hay que exhiben un intenso color rojo y las hay que brillan en el ultravioleta. Algunas resplandecen durante años y otras se apagan en pocos días. Las muertes estelares están resultando muchísimo más diversas de lo que pensábamos.

Los astrónomos todavía están tratando de entender qué provoca estas singulares explosiones. Parece evidente que nos están diciendo algo importante sobre la vida y la muerte de las estrellas, así como sobre las leyes físicas en condiciones extremas de temperatura, densidad y gravedad. Mediante el estudio de este variopinto «zoo» de supernovas, esperamos descubrir por qué las estrellas se desmoronan hasta convertirse en remanentes estelares muertos, como agujeros negros.

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